De die in diem
Me parece que detrás de la definición de democracia de Ronald Dworkin se esconde una visión moralina de la sociedad. Después de explicar su propuesta de democracia, Dworkin propone otro tanto de principios para mejor proveer a su causa. El principio de participación parte del supuesto de que a cada persona se le otorgue un rol que le permita marcar una diferencia en el proceso de toma de decisiones políticas, y la asignación de ese rol no debe estar determinada por suposiciones acerca de su valía, talento o habilidades. Supongo entonces que por un proceso de insaculación. Dworkin afirma que “nadie cuenta como parte de un agente colectivo a menos que esté en posición de marcar una diferencia en lo tal agente haga” y pone como ejemplo que ninguna persona que no participe en una orquesta puede formar parte de la misma orquesta. Pero a la vez Dworkin argumenta que la parte democrática está determinada por que la persona tenga un rol, mismo rol que no puede ser asignado democráticamente, por ejemplo; el director de la orquesta. ¿Y no se asigna el rol de director de la orquesta por sus habilidades? Dworkin argumenta que el principio de participación es suficiente para explicar porqué se asocia el sufragio universal con la democracia, pero a la vez justifica que esto no sea siempre así, no lo ha sido en la historia, y tampoco podría serlo bajo “arreglos de distrito que permitan especiales poderes de voto a grupos con necesidades particulares”, cosa que tampoco explica y uno se puede imaginar cualquier cosa. El principio de participación incluye el principio de una persona-un-voto, pero también el derecho de voz. Y en esta parte Dworkin parece hacer una crítica schumpeteriana al hecho de que una votación de “si” o “no” al salir de un debate no contribuye a una actitud democrática. Pero cuando reintroduce la noción de influencia, rechazada anteriormente, llega a otro planteamiento:
En la obra El canon neoconstitucional se puede encontrar un artículo de Ronald Dworkin titulado “Igualdad, democracia y constitución” y en éste el autor da a conocer su propuesta de democracia. Dworkin parte de la definición de democracia de Pericles para quien ésta significa el gobierno del pueblo. Para Dworkin nuestra democracia se ha convertido en el gobierno de los jueces y el problema radica en que los jueces no son elegidos, sino nombrados. En principio se acepta que la democracia es el gobierno de la mayoría, pero cuando la Constitución establece límites a esa mayoría, los funcionarios que juran lealtad a esa Constitución deben confrontarse con la volutad popular si esas garantías se ponen en juego. Entonces la revisión judicial no es democrática y los países que la tienen no dejan de ser democráticos porque sus democracias no sean perfectas, sino que precisamente son más democráticos por sus democracias imperfectas. Las constituciones también contienen disposiciones estructurales que dictan cómo se organizan los poderes, cuándo se celebran elecciones, por cuánto tiempo desempeñaran los cargos los funcionarios electos, etcétera. Estas disposiciones son democráticas en la medida en que NO puedan ser cambiadas por la mayoría.
Javier Hervada en su obra “¿Qué es el derecho?” asegura que en las facultades de derecho no se enseña a ser abogado porque en sus planes de estudio la dialéctica y la retórica están ausentes y las considera imprescindibles para el abogado. Óscar Correas en su aportación a la obra “Normas, razones y derechos” explica la relación entre la Razón-Logos y la retórica; que busca “mover las pasiones de los oyentes y hacerlos inclinar por una u otra de las soluciones posibles a alguna pregunta”. Correas dice que la palabra Razón proviene de la palabra latina Ratio que se traduce como Logos en griego. Otra acepción de la palabra Logos es discurso, pero Correas aclara que no cualquier discurso, sino aquel que sigue las reglas de la lógica. De tal forma que hay un discurso lógico y un discurso ilógico. La retórica es un tipo de discurso que puede o no utilizar la lógica. La retórica, contraria a la episteme, no busca la verdad sino convencer al auditorio. Se usaba, dice Correas, en el discurso judicial o forense y en el discurso político o parlamentario. Correas cita a Platón que a su vez cita al que lleva el nombre de su obra Gorgias para quien la retórica era el arte de convencer a los ciudadanos en los tribunales o asamblea, pero en lugar de afirmar que es el arte de la política por excelencia, Platón dice que lo es, pero de la demagogia; pues era el arma que habían utilizado para conducir a Atenas a la ruina. Platón distingue entre el saber (mathesis) y la creencia (pistis), y cuestiona a Gorgias sobre el ámbito en que se encuentra la retórica y contesta que en la creencia, no sin antes distinguir entre la falsa creencia (pseudes)y la creencia verdadera (alethes). Sócrates concluye que la retórica es productora de una persuación que hacer creer, pero no persuade sobre lo justo y lo injusto. Correas agrega que la retórica persuade, pero no transmite episteme . La episteme está dirigida al logos-mente y la retórica, a las pasiones. Platón afirma que la episteme se transmite de logos a logos, y lo que no es ciencia no se puede enseñar. Aunque Gorgias y los sofistas “enseñan” retórica, Platón afirma que eso no es enseñanza sino adiestramiento. Correas cita a Sócrates para quien la retórica tiene un gran poder que puede ser utilizado en contra de la verdad y los políticos la han usado en contra de la justicia, pero no es correcto desterrar a la retórica sino a quien hace mal uso de ella. Gorgias afirma que para hablar de lo justo el orador debe saber qué es lo justo, pero Sócrates responde que si la retórica puede ser utilizada para cometer injusticias, entonces no resulta lógico que quien conoce lo justo busque la injusticia. Sócrates discute con el joven Polo, a quien dice que la retórica sirve a los injustos para librarlos del castigo, pues es preferible sufrir una injusticia que cometerla, así que quien usa la retórica busca evadir el sagrado mandamiento que dice que quien comete una injusticia debe someterse a un castigo. Para Sócrates, nos dice Correas, la retórica no es un arte, es un ejercicio que busca causar agrado y placer, una empeiría. Para Hervada el arte de saber lo justo y lo injusto es el derecho. Dice que fueron los romanos quienes definieron el arte del derecho como la ciencia de lo justo y de lo injusto. ¿Y qué es lo justo? Pareciera que Hervada retoma la definición del jurista Ulpiano: “Iustitia est constans et perpetua voluntas ius suum cuique tribuendi” (La justicia es la constante y perpetua voluntad de dar a cada uno su derecho) o de dar a cada uno lo suyo. Hervada cita a Dante para quien si la justicia se guarda, la sociedad se conserva, si la justicia se desprecia, la sociedad se corrompe. Por lo que no debe extrañarnos la conclusión de Correas:
En letras libres leí el artículo titulado “Cómo se hacen las ideas filosóficas” de Fernando Savater y tal vez influido por las críticas que tildan a Savater de escritor de libros de autoayuda busqué en la red y encontré en el sitio de Horacio Potel el artículo titulado “Hegel, muerte y sacrificio” de Georges Bataille. Savater argumenta que la pregunta filosófica está a medio camino entre la pregunta científica ¿qué es? y la pregunta poética ¿qué significa? La pregunta de la ciencia se cancela, la pregunta de la filosofía nunca se cancela. Dice Savater que en filosofía se piensa para entrar en duda y no para salir de ellas. Prefiero la explicación de Thomas A. Szlezák para quien la filosofía está a medio camino entre la sabiduría y la ignorancia, entre sophia y amathia. Eros nunca posee a sophia, a la sabiduría, sólo a la philosofia que es el amor a la sabiduría, como la liebre que se persigue y nunca se atrapa. El artículo de Savater me hizo pensar que nos concebimos inmortales porque compartimos con Dios -o con los dioses- eso que Spinoza llamó sustancia y es la única que podemos concebir. La sustancia es entendida por sí misma, sin necesidad de incluir concepto alguno distinto a ella. Dios es un ser absolutamente infinito, una sustancia con infinitos atributos, los cuales expresan una esencia eterna e infinita. Georges Bataille explica que para Hegel el hombre es un ser dialéctico; tiene de natural lo animal y de antinatural la conciencia, el “Yo personal puro”. Hegel afirma que “El animal muere. Pero la muerte del animal es el devenir de la conciencia”. El hombre está en la Naturaleza, pero la niega destruyéndola. Bataille dice:
Miguel Carbonell explica en el artículo titulado “Verborrea e incultura constitucional” de la revista Nexos que los mexicanos llevamos tanto tiempo en una “zona de penumbra” respecto al Estado de derecho que pensamos que las leyes no siempre deben cumplirse. Y tal es el caso que en Morelos los candidatos de la izquierda han decidido ponerse de acuerdo para violar tumultariamente la ley. Varios candidatos se han registrado por diversos partidos políticos para contender al mismo puesto de elección popular sin mediar acuerdo de coalición o candidatura común. El artículo 196 del Código Electoral para el Estado libre y soberano de Morelos establece que:
No recuerdo dónde leí sobre el dinosaurio que llevamos dentro, pero Michel Focault decía que las palabras traen consigo una serie de reglas. El “tapado” y el “dedazo” contienen las reglas no escritas del sistema. Durante la transición a la democracia ese sistema de reglas permaneció latente, oculto, aparentemente inactivo, reprimido, pero activo. Es el dinosaurio que llevamos dentro. Ayer Javier Lozano Alarcón, exsecretario del trabajo y candidato al Senado, titula “Es Ernesto” su columna del diario El Universal en clara referencia a que Cordero es el “tapado” o favorito del Presidente Calderón. Ayer también vi la entrevista que Roberto Rock hizo a Manuel Clouthier, hijo del Maquío. Clouthier afirma que Josefina Vázquez Mota es la candidata oficial y que Ernesto Cordero tan sólo es un señuelo, para evitar darle el “beso del diablo” a Josefina. Felipe Calderón, conocedor de los panistas, sabe que si Josefina se presenta como “la candidata oficial” los panistas la rechazarían. Y envía a Cordero al sacrificio para salvarla. (¿Dónde he escuchado eso de que él se sacrifico para salvarnos?) Bajo esta perspectiva, Felipe Calderón emularía al maquiavélico expresidente Carlos Salinas de Gortari que con su dedo flamígero señaló a Luis Donaldo Colosio como candidato del PRI a la presidencia de la República y a Ernesto Zedillo como coordinador de la campaña presidencial. El presidente panista de costumbres priístas ha nominado a Josefina Vázquez Mota a la presidencia de la República y a su secretario particular, Roberto Gil Zuarth, como coordinador de campaña. Clouthier nos recuerda que Josefina Vázquez Mota fue la coordinadora de la campaña presidencial de Felipe de Jesús Calderón Hinojosa. Yo no entendía porqué Arne aus den Ruthen decía que el PAN actual es el nuevo PRI, pero él tampoco entendía porqué habían nombrado a Gil Zuarth como coordinador de campaña en lugar de Carlos Medina Plascencia. Gracias a Manuel Clouthier entiendo que el verdadero candidato opositor es Santiago Creel y que, tristemente, va a perder.
En su última aportación a la revista Foreign Policy, Francis Fukuyama escribe un artículo titulado “The Drive for Dignity”. Fukuyama retoma el incidente de Mohamed Bouazizi a quien la policía confiscó su carrito en el que vendía fruta. Fue humillado por una mujer policía y cuando reclamó fue ignorado. El tunecino se prendió fuego y encendió la primavera árabe. Fukuyama se cuestiona la razón por la que este acto provocó tan desmesurada respuesta, y encuentra la razón en la dignidad, o la falta de ésta, en el sentimiento de valor o de autoestima. Pero Fukuyama argumenta que la dignidad no es sentida a menos que sea reconocida por los demás y, por lo tanto, es social, y de hecho; un fenómeno político. Los regímenes autoritarios, dice Fukuyama, tienen muchas fallas; pueden ser corruptos, manipuladores o en términos económicos un obstáculo para el crecimiento, pero su mayor debilidad es moral; no reconocen la dignidad básica de sus ciudadanos y si pueden, y de hecho lo hacen, tratan a la gente ordinaria con la mayor indiferencia y desprecio. Para Fukuyama la dignidad es la base de la política en todas partes, una de las banderas del feminismo; “igual pago a igual trabajo” trata menos del salario y más del salario como una forma de crear respeto en la sociedad. El matrimonio entre personas del mismo sexo busca el reconocimiento de igualdad en la diginidad de los matrimonios heterosexuales y homosexuales. Por alguna extraña razón, relacioné este tema con uno de los principios ideológicos del PAN; la eminente dignidad de la persona humana y la paradójica oposición del Partido a todo lo que suene a homosexual; matrimonio, adopción, etcétera. Aunque para algunos panistas sea confuso, el lema del PAN es muy claro; “Por una patria ordenada y generosa y una vida mejor y más digna para TODOS”. Fukuyama cita al filósofo Georg W.F. Hegel para quien toda la historia de la humanidad puede ser vista como una lucha por el reconocimiento y que todo el orden moderno, liberal y democrático representa el triunfo del reconocimiento de igualdad sobre las relaciones de servidumbre, y para el caso de México; de la encomienda. Aunque en México el racísmo es atípico y sólo se observa en los agentes del Instituto Nacional de Migración que detienen a cuanto negro se encuentran en la calle, no se explica la reacción e indignación que causó la golpiza que Moisés Sacal Smecke propinó a Hugo Enrique Vega sin el clasismo, o a lo que Carlos Bravo Regidor llamó “estado de derechismo” y que atribuye inmerecidamente a este sexenio. Lo que me pareció acorde con el fenómeno del clasismo es su perspectiva del “estado de derechismo” como “una visión que asume la legalidad menos como un valor para crear ciudadanía que como un instrumento punitivo de clase.” Y es que en opinión de Carlos Bravo Regidor no es lo mismo una protesta de comerciantes ambulantes que son considerados una mafia que una protesta de asociaciones vecinales que toman las calles como modelo de sociedad civil organizada. Desde el punto de vista del derecho tiene otros efectos igualmente indeseables:
El 24 de diciembre hubo una balacera en Cuernavaca como consecuencia de un “levantón” -así lo narran los medios- de jóvenes en un campo de fútbol. Las notas periodísticas indican que en la refriega murieron la policía municipal Edén Campuzano Cruz y tres sicarios, dos de ellos policías de Guerrero. Ayer escuchaba la entrevista de radio que Gina Batista hizo a la madre del “levantado” Alan Israel Cerón Moreno y a su abogado Miguel Ángel Rosete. Aparentemente el “levantado” en Cuernavaca escapó de sus captores dos días después en Chilpancingo, Guerrero. Se presentó ante el ministerio público a solicitar su auxilio y todo indica que este servidor público lo desapareció otra vez. Cito la declaración hecha al Diario de Morelos:
En el libro Hacia una cultura de la legalidad, Leoluca Orlando comenta su experiencia como alcade de Palermo en la recuperación de los espacios públicos de la mafia siciliana. En 1999 se llevó a cabo en el Teatro Massimo, lugar en el que se reunía la mafia para jugar cartas y acordar con políticos y reporteros, la Conferencia Internacional de CIVITAS, una organización internacional dedicada a promover la educación cívica y los valores de la libertad.
Ernesto Cordero, precandidato del PAN a la presidencia de la República, en este artículo del diario El Universal ofrece cadena perpetua a criminales reincidentes con nulas posibilidades de reinserción social -hay que explicarle al precandidato que en México están previstos los delitos, pero no los crímenes- y recuerdo haber visto otro artículo periodístico donde Ernesto Cordero ofrecía cadena perpetua para los feminicidas. La fracción del PAN en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal había solicitado prisión vitalicia para plagiarios, y en el Estado de México para violadores. Pero, ¿es buena medida la cadena perpetua? En Colombia se rechazó el proyecto de cadena perpetua para violadores de niños porque va en contradicción con la condición de la dignidad humana y porque las penas deben ser “resocializadoras” y no vengativas. Hasta donde sabía, uno de los pilares ideológicos del PAN era el principio de la eminente dignidad de la persona humana, valga la redundancia, si es que hay humanos que no sean personas. En 1764 Cesare Beccaria da a la imprenta de forma anónima su obra De los delitos y de las penas. En el capítulo 27 titulado “De la dulzura de las penas” explica que no es la severidad de las penas, como la cadena perpetua, sino la infabilidad de ellas, la que desincentiva o desmotiva a los delincuentes.