Gracorrupción: un caso de estudio.

Imagínese que se gana la lotería. Mejor aún, que gana la candidatura a gobernador del Estado de Morelos por el Partido de la Revolución Democrática. Compitió contra el eterno candidato que, a pesar de tener tantos años en política, es chamaqueado con una encuesta que nadie vio pero que afirma que usted salió vencedor. El cúmulo de votos del candidato de la coalición de las izquierdas a la Presidencia de la República le da el triunfo y usted se dedica a robar al por mayor. Nada de que lo anden expulsando del PRI de Tabasco por robarse las cuotas de las juventudes partidistas. Ha llegado su momento y piensa llenarse los bolsillos a reventar.
El Congreso del Estado le ha autorizado un endeudamiento por $4,184,933,348.86, casi el doble de la deuda histórica de los ayuntamientos y del Estado, de los cuales puede gastar a su antojo $2,806,348,000.00 Se le ocurre reconstruir el estadio “Agustín Coruco Díaz”, al que le asigna 400 millones de pesos pero le sale en más de 800 millones de pesos por inflar tanto los precios. Ya está construyendo el estadio, pero no tiene equipo de fútbol. Así que, sin saber nada del deporte, decide adquirir la franquicia del Irapuato, que además trae problemas de descenso en su división. Termina de construir el estadio y su equipo acaba de descender de división. Entonces decide comprar, a través de sus testaferros, otro equipo de fútbol. ¿Cuánto cuesta eso? ¿Cinco o seis millones de dólares? El pueblo requiere pan y circo, ya ha tenido suficiente PAN, hay que darle circo.
Total, hay dinero de sobra. ¿Qué hace falta dinero para la nómina de los maestros? Aquí hay más dinero. De pronto, en la danza de los millones, le faltan algunos por desaparecer. A alguien de su equipo se le ocurre la idea de volver a pagar deudas saldadas. Le da un porcentaje a los proveedores por la molestia, y desaparece el resto. Brillante idea. Pero en la vorágine de la fiesta, usted no se ha dado cuenta de la cantidad de veces que ha violado la ley. Al fin y al cabo, para eso es usted la autoridad política del lugar, faltaba más. Pero, como siempre, hay un grupo de ciudadanos que, a pesar de las consecuencias, deciden confrontarlo. Reclamarle la deuda, exigir cuentas claras. ¿Quiénes son ellos para exigirle cuentas si usted tardó más de 20 años en hacerse de ese botín? No puede reprimirlos porque eso le costó el puesto al gobernador de la entidad vecina. Ya le fueron a denunciar a la Procuraduría General de la República y, además, éstos desalmados pretenden presionar a la Auditoría Superior de la Federación para que ejerza sus nuevas facultades y le revisen las cuentas. ¿Qué hacer? Interesante caso de estudio que sería trágico si fuera cierto. Afortunadamente, es pura ficción. Usted vive en Gracolandia donde reina la paz y la tranquilidad.

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Denuncia ciudadana

El día de hoy, en un céntrico hotel de la ciudad de México, la Coordinadora Morelense de Movimientos Ciudadanos (CMMC) dio una conferencia de prensa sobre la denuncia interpuesta ante la PGR en la que acusa al gobernador del Estado, Graco Ramírez, de la comisión del delito de “Uso indebido de atribuciones y facultades, peculado y de los que resulten”.
La fracción III del artículo 217 del Código Penal Federal establece que comete el delito de uso indebido de atribuciones y facultades el servidor público que teniendo a su cargo fondos públicos, les dé a sabiendas, una aplicación pública distinta de aquella a que estuvieren destinados o hiciere un pago ilegal. Y la fracción II del artículo 223 del Código en comento, establece que comete el delito de peculado el servidor público que indebidamente utilice fondos públicos u otorgue alguno de los actos a que se refiere el artículo de uso indebido de atribuciones y facultades con el objeto de promover la imagen política o social de su persona, la de su superior jerárquico o la de un tercero, o a fin de denigrar a cualquier persona. Ahora, este segundo artículo contiene una conjunción disyuntiva que indica una u otra conducta. Para el primer delito se establece una penalidad que va de los seis meses a los doce años de prisión, de cien a trescientos días de multa y destitución e inhabilitación de seis meses a doce años para desempeñar otro empleo, cargo o comisión públicos. Para el segundo delito, la penalidad depende del monto distraído, que para los montos que maneja el gobierno del Estado, se establece una pena de dos a catorce años de prisión, multa de trescientas a quinientas veces el salario mínimo y destitución e inhabilitación de dos a catorce años.
Cabe señalar que la denuncia tiene como fundamento un documento oficial de la Auditoria Superior de Fiscalización del Estado de Morelos, que se le hizo llegar de manera anónima a la CMMC. De la misma manera en que se hacen llegar diversos documentos a los medios de comunicación a través de Mexicoleaks.
Este documento de la Auditoría Superior de Fiscalización señala un probable desvío de recursos públicos por un monto que asciende a la astronómica cifra de $1,853,286,866.56 (Mil ochocientos cincuenta y tres millones doscientos ochenta y seis mil ochocientos sesenta y seis pesos 56/100 M.N.) por el pago de obras y acciones realizadas en años anteriores y por administraciones pasadas. Pero sucede que en el decreto 936 de fecha 10 de octubre de 2013 se le autoriza al Gobierno del Estado para que contrate con la banca de desarrollo o banca comercial créditos o empréstitos para lo contemplado por la fracción XXI del artículo 3 de la Ley de Deuda Pública para el Estado de Morelos, que comprenden: vialidades, obras de infraestructura y acciones para la prestación de servicios públicos gubernamentales, desarrollo agropecuario y rural, agua, drenaje y alcantarillado, educación, electrificación, fomento económico y turístico, salud, modernización catastral, seguridad pública y procuración de justicia, sistemas y tecnologías de la información.
El siguiente párrafo se cita de manera textual para una mayor comprensión del ilícito:

Los empréstitos que contrate el Poder Ejecutivo, con base en lo que autoriza el presente Decreto, deberán formalizarse durante los ejercicios fiscales 2013 y/o 2014, y pagarse en su totalidad en el plazo que para ello se establezca en cada instrumento legal…

Y no para pagar obras y acciones del sexenio 2006-2012. Éste podrá parecer un tecnicismo legal, pero si leen la totalidad del informe, se darán cuenta que el cúmulo de ilícitos de la presente administración han hecho tal nudo gordiano que resulta imposible de desatar. El dinero de los créditos por un monto de $2,800,000.00 fueron depositados en diversas cuentas bancarias y mezclados con otros recursos, de tal forma que no hay manera de saber qué fue utilizado para inversión productiva y qué para gasto corriente.
De hecho, el crédito de $1,400,000,000.00 (Mil cuatrocientos millones de pesos 00/100 MN) contratado con Banobras, sólo puede utilizarse para: I) Infraestructura educativa de
nivel básico, medio y superior, II) Infraestructura en Seguridad Pública y Procuración de Justicia, III) Infraestructura urbana, IV) Infraestructura económica, V) Infraestructura urbana, VI) Agua potable, saneamiento y alcantarillado. VII) Infraestructura gubernamental (un nuevo recinto legislativo).
El crédito contratado con Banorte por un monto de $800,000,000.00 (Ochocientos millones de pesos) sólo puede utilizarse para lo contemplado por el artículo 3 de la Ley de Deuda Pública del Estado de Morelos y, el contrato establece la obligación de “mantener la contabilidad de acuerdo con la Ley General de Contabilidad Gubernamental y, a la Ley de Presupuesto,
Gasto Público y su Contabilidad del Estado de Morelos”.
En menudo lío se ha metido el gobernador de Estado, que con cañonazos de dinero a los honorables diputados al Congreso del Estado ha salido avante de toda las acusaciones. Hasta pudo cambiar al Auditor. Poderoso caballero es don dinero.

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El peligro de la inteligencia artificial

En la entrada anterior al blog comentaba que Kant, citado por Isaiah Berlin, decía que la esencia de la libertad del sujeto consiste en que él y sólo él se dé las órdenes a obedecer. En el mismo sentido se pronuncia Mijaíl Bakunin en la obra El principio de Autoridad:

Cuando se trata de zapatos, prefiero la autoridad del zapatero; si se trata de una casa, de un canal o de un ferrocarril, consulto la del arquitecto o del ingeniero. Para esta o la otra, ciencia especial me dirijo a tal o cual sabio. Pero no dejo que se impongan a mí ni el zapatero, ni el arquitecto ni el sabio.
Les escucho libremente y con todo el respeto que merecen su inteligencia, su carácter, su saber, pero me reservo mi derecho incontestable de crítica y de control.

Bakunin no se limita a la opinión de un especialista, sino que consulta a varios antes de tomar una decisión. No reconoce autoridad infalible, por lo que no tiene fe en nadie.

Una fe semejante sería fatal a mi razón, la libertad y al éxito mismo de mis empresas; me transformaría inmediatamente en un esclavo estúpido y en un instrumento de la voluntad y de los intereses ajenos.

Bakunin se inclina por la opinión de los especialistas porque le es impuesta por su propia razón, pero como se mencionó anteriormente, escucha a los especialistas y se inclina por la opinión que le parece más justa. De hecho, no habría un hombre que fuera especialista en todo.

La más grande inteligencia no podría abarcar el todo. De donde resulta para la ciencia tanto como para la industria, la necesidad de la división y de la asociación del trabajo. Yo recibo y doy, tal es la vida humana.
Cada uno es autoridad dirigente y cada uno es dirigido a su vez. Por tanto no hay autoridad fija y constante, sino un cambio continuo de autoridad y de subordinación mutuas, pasajeras y sobre todo voluntarias.

Y surge la pregunta sobre qué pasaría si apareciera una inteligencia que fuera especialista en todo. Hasta el momento, las computadoras pueden leer exotéricamente, es decir, pueden pronunciar los sonidos sin entender el mensaje. Pero en una conferencia titulada “The wonderful and terrifying implications of computers can learn” publicada en el sitio TED.com, el conferencista; Jeremy Howard, explica las maravillas de la inteligencia artificial y del uso que le da a esta tecnología para analizar tomografías. La máquina analiza las imágenes y es capaz de distinguir entre las que tienen cáncer y las que no. Desafortunadamente la máquina ha aprendido a leer esotéricamente y a comprender las imágenes.
Como se comentó en esta entrada al blog, Sartre, citado por Sartori, decía que conocemos perceptivamente, por concepto o por imágenes, lo que Sartori reducía a imágenes percibidas, imágenes concebidas e imágenes fantásticas. El primer tipo de imagen producirá un saber descriptivo. Una vez que la computadora ha aprendido a distinguir el frente de un automóvil, puede mostrar fotografías de distintos frentes y separarlas de las que muestran la parte trasera del auto. La computadora ha logrado describir imágenes y decir de una imagen que hay un señor pescando, por ejemplo.
Las imágenes concebidas producen un tipo de conocimiento “ideativo” y las imágenes alusivas producen un tipo de conocimiento distinto a los otros dos. ¿Qué sucederá cuando la computadora comprenda el significado de los conceptos Estado, democracia, dictadura, etcétera? ¿O cuando la computadora entienda lo que es un unicornio? Esta computadora podrá leer y entender todos los libros publicados y escaneados hasta la fecha. La computadora podría decidir que los seres humanos no merecen vivir y hacer de todo para exterminarlos.
Stephen Hawking ha dicho que la inteligencia artificial podría significar el fin de la raza humana. Los robots podrían tomar el control y desplazar a los seres humanos. Perfeccionarse a ellos mismos hasta superar a los humanos.
Elton Musk, fundador de empresas como Paypal y Tesla, ha dicho que la inteligencia artificial puede ser más peligrosa que las armas nucleares.
Lo mismo hubiera dicho Bakunin, que en la citada obra argumenta:

Esa misma razón me impide, pues, reconocer una autoridad fija, constante y universal, porque no hay hombre universal, hombre que sea capaz de abarcar con esa riqueza de detalles (sin la cual la aplicación de la ciencia a la vida no es posible), todas las ciencias, todas las ramas de la vida social. Y si una tal universalidad pudiera realizarse en un solo hombre, quisiera prevalerse de ella para imponemos su autoridad, habría que expulsar a ese hombre de la sociedad, porque su autoridad reduciría inevitablemente a todos los demás a la esclavitud y a la imbecilidad.

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El gobierno de expertos

En el ensayo Dos conceptos de libertad, Isaiah Berlin cita a Comte quien se preguntaba porqué si no se permite pensar libremente en química o en biología sí se permite, en moral y política. Comte se planteaba lo anterior bajo el supuesto de que si existe una verdad política y esta se podía descubrir a través del método científico, entonces qué sentido tenía la libertad o la opinión de los individuos o de los grupos.

Sólo hay en principio, una única forma de vida correcta; los sabios la dirigen de manera espontánea, por eso se les llama sabios. A los ignorantes hay que empujarles a esta vida por todos los medios sociales en poder de los sabios. ¿Por qué ha de aguantarse y dejar crecer aquello que es un error demostrable? Los inmaduros y faltos de guía han de repetirse: “Sólo la verdad nos hará libres, y la única forma que tengo de aprender la verdad es haciendo ciegamente lo que tú, que la conoces, me ordenes o me obligues hacer, en la certeza de que sólo así alcanzaré tu percepción esclarecida y seré libre como tú”.

De acuerdo con Berlin, el argumento racionalista de una única solución verdadera conduce a un Estado autoritario obediente de las directrices de una élite “platónica de guardianes”.
El autor cita a Kant, para quien no podía haber especialistas en ética porque ésta no tenía que ver con el conocimiento experto, sino con el uso correcto de “una facultad humana universal” por lo que a los hombres libres no se les puede obligar a actuar de determinada manera que les permita superarse sino el saber porqué debían actuar así. No se les puede reprimir, pero se les puede educar para que actúen de la forma esperada, ¿como los animales de circo?
Pero Kant también reconocía la paradoja que planteaba la ley racional, que si uno era suficientemente racional para otorgarse semejante ley, que ésta pudiera limitar mi libertad racional. Por lo que Berlin reconoce que como es imposible consultar sobre todo a todo el mundo, se abre la puerta al gobierno de los expertos.
Y entra en escena el legislador racional, quien supuestamente crea leyes racionales para que a los demás miembros racionales de la sociedad les sea imposible rechazarlas. A menos que uno sea de lento aprendizaje y tarde en entenderlas. Pero si son irracionales y las rechazan, viene la represión de la razón; porque “los pronunciamientos de la razón han de ser los mismos en todas las inteligencias”.

Doy mis órdenes, y si te resistes, me encargo de reprimir el elemento irracional que hay en ti y que se opone a la razón. Mi tarea sería más fácil si te autorreprimieras y por eso intento educarte para que lo hagas.

Semejante planteamiento, argumenta Berlin, sería rechazado por Kant, para quien la libertad del sujeto consiste en que él y sólo él se dé las órdenes a obedecer.

Si esto lleva al despotismo, que aunque sea el de los mejores o el de los más sabios -el templo de Sarastro en La flauta mágica-, sigue siendo despotismo y resulta que es lo mismo que la libertad, ¿no será que hay un error en las premisas del planteamiento?, ¿no será que los presupuestos básicos están de alguna manera equivocados?

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El principio de autoridad de Mijaíl Bakunin

En la entrada anterior al blog, comentaba cómo para Bentham las leyes representaban un obstáculo para la libertad del hombre, e Isaiah Berlin decía que Bentham estaba prácticamente sólo en esa línea de pensamiento, pero no lo está. Mijaíl Bakunin, en la obra El principio de autoridad dice:

En una palabra, rechazamos toda legislación, toda autoridad y toda influencia privilegiadas, patentadas, oficiales y legales, aunque salgan del sufragio universal, convencidos de que no podrán actuar sino en provecho de una minoría dominadora y explotadora, contra los intereses de la inmensa mayoría sometida.

He aquí en qué sentido somos realmente anarquistas.

Bakunin encuentra el principio de autoridad en el idealismo y su fundamento en la negación de lo humano: en Dios.

Tres elementos o, si queréis, tres principios fundamentales, constituyen las condiciones esenciales de todo desenvolvimiento humano, tanto colectivo como individual, en la historia: 1º la animalidad humana; 2º el pensamiento, y 3º la rebeldía. A la primera corresponde propiamente la economía social y privada; la segunda, la ciencia, y a la tercera, la libertad.

La esencia de la libertad es la rebeldía. Bakunin plantea que Dios debió estar terriblemente aburrido en su soledad y creó a Adan y Eva para procurarse nuevos esclavos.

Les había prohibido expresamente que tocaran los frutos del árbol de la ciencia. Quería que elhombre, privado de toda conciencia de sí mismo, permaneciese un eterno animal, siempre de cuatro patas ante el Dios eterno, su creador su amo. Pero he aquí que llega Satanás, el eterno rebelde, el primer librepensador y el emancipador de los mundos. Avergüenza al hombre de su ignorancia de su obediencia animales; lo emancipa e imprime sobre su frente el sello de la
libertad y de la humanidad, impulsándolo a desobedecer y a comer del fruto de la ciencia.

El sentido del mito de Adán y Eva es la emancipación del hombre de Dios. Dios es idea, el hombre es materia. Aunque como dice Spinoza, lo único que podemos comprender es a Dios. El hombre se asimila a los dioses porque en él todo es pensamiento.

Los idealistas de todas las escuelas, aristócratas y burgueses, teólogos y metafísicos, políticos y moralistas, religiosos, filósofos o poetas, sin olvidar los economistas liberales, adoradores desenfrenados de lo ideal, como se sabe-, se ofenden mucho cuando se les dice que el hombre, con toda su inteligencia magnifica, sus ideas sublimes y sus aspiraciones infinitas, no es, como todo lo que existe en el mundo, más que materia, más que un producto de esa vil materia.

En lugar de ir de lo inferior a lo superior, de lo inorgánico a lo orgánico y así hasta llegar a lo específicamente humano, el hombre parte de su idea de Dios, de la perfección a la imperfección, “al fango del mundo material”.

Cuándo, cómo y por qué el ser divino, eterno, infinito, lo Perfecto absoluto, probablemente hastiado de sí mismo, se ha decidido al salto mortal desesperado; he ahí lo que ningún idealista, ni teólogo, ni metafísico, ni poeta ha sabido comprender jamás él mismo ni explicar a los profanos.

Para Bakunin, la teología es una Credoquia absurdum . Y duda sobre la inteligencia misma del hombre: “¿Cómo puede nacer en un hombre inteligente e instruido la necesidad de creer en ese misterio?” Sólo el deseo de dominación de los gobiernos puede mantener a los pueblos en la ignorancia. También se percibe en el argumento de Bakunin la supuesta superioridad de los sapientes sobre los ignorantes.

El pueblo desgraciadamente, es todavía muy ignorante; y es mantenido en su ignorancia por los esfuerzos sistemáticos de todos los gobiernos, que consideran esa ignorancia, no sin razón, como una de las condiciones más esenciales de su propia potencia. Aplastado por su trabajo cotidiano, privado de ocio, de comercio intelectual, de lectura, en fin, de casi todos los medios y de una buena parte de los estimulantes que desarrollan la reflexión en los hombres, el pueblo acepta muy a menudo, sin crítica y en conjunto las tradiciones religiosas que, envolviéndolo desde su nacimiento en todas las circunstancias de su vida, y artificialmente mantenidas en su seno por una multitud de envenenadores oficiales de toda especie, sacerdotes y laicos, se transforman en él en una suerte de hábito mental moral, demasiado a menudo
más poderoso que su buen sentido natural.

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Racionales vs. irracionales, el irracional deseo de dominar.

En el ensayo “Dos conceptos de libertad” de Isaiah Berlin, hay un apartado titulado “El templo de Sarastro” en el que el autor expone una interesante idea sobre lo que oculta el liberalismo. Aunque algunas versiones del liberalismo se hacen llamar igualitarias, no lo son tanto, pues establece una superioridad de los racionales sobre los irracionales.
Berlin dice que tanto Rosseau, como Kant y Fitche, quienes comenzaron como individualistas, se preguntaron si sólo era posible la vida racional para el individuo o también lo era en la sociedad. Es lógico pensar que si uno quiere ser libre, los otros también tienen derecho a serlo, pero qué sucede cuando chocan estas voluntades.

Puesto que, si soy racional, no puedo negar que lo que está bien para mi, tiene que estar bien por la misma razón para los demás, que son racionales como yo.

Un Estado racional estaría gobernado por leyes igualmente racionales que cualquier hombre racional se habría dado, pero quién establece los límites de la racionalidad.Se llega a una solución parecida a la de los iusnaturalistas, cualquier persona en uso de la razón podía llegar a conocer el derecho natural.

En principio, toda verdad es susceptible de ser descubierta por cualquier ser pensante, racional, y de ser demostrada con una claridad tal que todo ser racional está obligado a aceptarla.

Un orden justo debía otorgar tanta libertad a todo individuo como cada ser racional tiene derecho. Pero mi demanda de libertad no debería interponerse con las de los demás, pues si sólo hay una solución verdadera para cada problema, dos o más soluciones verdaderas no son posibles.

La justicia y la igualdad son ideales que, en las sociedades existentes, todavía precisan de cierto grado de coacción porque la supresión prematura de los controles sociales conduciría a la opresión de los más débiles y los menos dotados por los más fuertes, los más listos o los menos escrupulosos.

En principio, el deseo de dominar es irracional, pero puede ser superado por métodos racionales. ¿Cuáles métodos? La educación, por ejemplo. ¿Existe el derecho de imponerles estos métodos a los irracionales? ¿Qué no el deseo de dominar era irracional? ¿Por qué razón los racionales quisieran imponerse sobre los irracionales?

Pero si mi plan es del todo racional, permitirá el desarrollo completo de su “verdadera” naturaleza, el despliegue de su capacidad para la toma de decisiones racionales, logrará que florezca “lo mejor de ellos mismos”, como parte de la realización de mi propio yo “verdadero”.

Me imagino la cantidad de problemas que plantea esta idea. Si los irracionales encajan en el modelo de los tontos felices, y el desarrollo de la racionalidad no va a traerles felicidad sino angustia; ¿por qué habría que sacarlos de su error y mostrarles las potencialidades de la razón?
Ahora, cada individuo persigue sus fines particulares y éstos pueden chocar con los de los otros individuos o con la ley. La libertad que autores como Kant o Locke defienden es aquella que concuerda con la ley. Tal vez a esto se refería Norberto Bobbio cuando decía que el Estado debía desarrollar las potencialidades del individuo hasta que sus fines particulares coincidieran con los del Estado. Por otro parte, Bentham ve a la ley como un obstáculo a la libertad.

Bentham, prácticamente en solitario, repetía con perseverancia que las leyes no sirven para emancipar sino para reprimir: toda ley es una infracción de la libertad, incluso si tal infracción conduce a un aumento de la suma total de la libertad.

Berlin dice que si se pudiera encontrar una sola solución válida en las ciencias sociales, como en las ciencias naturales, entonces sí la autonomía coincidiría con la autoridad y la libertad, con la ley.

En la sociedad ideal, compuesta por seres totalmente responsables, las normas pasarían desapercibidas y acabarían por desaparecer. Sólo un único movimiento social tuvo la audacia de hacer explícito este presupuesto y asumir las consecuencias: el movimiento anarquista. Por el contrario, todas las formas de liberalismo fundadas en esta metafísica racionalista son versiones más o menos aguadas de este credo.

Resulta lógico que si todos se comportasen racionalmente y respetaran a los demás, no habría necesidad del Estado ni del derecho. Pero como no es así, hace falta la coacción para mantener a raya a los fuertes. Y no sólo el anarquismo, sino todas las formas de liberalismo postulan la superioridad de los seres racionales sobre los irracionales.

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Otros dos principios

En la obra Justicia para erizos, Ronald Dworkin postula dos principios a los que todo gobierno legítimo debería apegarse:

Primero, debe mostrar igual consideración por el destino de todas y cada una de las personas sobre las que reclama jurisdicción. Segundo, debe respetar plenamente la responsabilidad y el derecho de cada persona a decidir por sí misma cómo hacer de su vida algo valioso.

Para Dworkin, estos principios de justicia distributiva establecen cuáles son los recursos y las oportunidades que los gobiernos deben poner en manos de sus gobernados. Y para el autor, los gobiernos tendrían que apegarse a estos principios porque las distribuciones políticamente neutrales no existen.

Dada una combinación cualquiera de cualidades personales de talento, personalidad y suerte, lo que una persona tendrá, en materia de recursos y oportunidades, dependerá de las leyes vigentes en el lugar donde es gobernada.

Dejar la economía al laissez-faire en el que las personas compran y venden productos y servicios como quieren no es congruente con el primer principio de igual consideración para todos. El gobierno tampoco puede alegar que es responsabilidad de cada persona, pues las personas no son responsables de cualidades como la dotación genética o como la suerte. Y, según Dworkin, en el segundo principio no hay nada que autorice al gobierno a tomar una posición semejante.

Si el gobierno redistribuye la riqueza igualmente para todos, como en el juego Monopoly en el que cada jugador cuenta con una dotación igual de riqueza al inicio del juego, y cada cierto número de años repitiera el procedimiento, ello significaría que el gobierno no respeta la responsabilidad de la gente en cuanto a hacer algo con su vida, porque lo que los individuos decidieran hacer no tendría consecuencias sobre sus vidas.

Si dedico mi vida al ocio, o trabajo en una actividad en la que mi producción de lo que otras personas necesitan o quieren no es tanta como podría ser, debo asumir la responsabilidad por el costo que esa decisión impone: en consecuencia, debo tener menos.

A diferencia de G.A. Cohen en su obra Why not socialism?, Dworkin toma en consideración los costos de la decisión de trabajar o no trabajar sobre la comunidad. Cohen defiende un ingreso igual para todos, trabajen o no trabajen, ya que para él, las personas que trabajan lo hacen por gusto y no tiene ningún costo su decisión sobre los demás. Postura que, como demuestra Dworkin, sí afecta al conjunto de la comunidad.
Para Dworkin el reto está en encontrar una combinación de ambos principios, y propone un modelo en el que todos participan en una subasta con igual cantidad de fichas, todos tienen la misma oportunidad y la distribución trata a todos con igual consideración. Para el segundo principio se repite el ejemplo de la subasta, pero en esta ocasión cada quien paga la prima del seguro del riesgo que quieren tomar, en este ejemplo las personas se hacen responsables del riesgo que quieren asumir y no suprime la buena o mala suerte que puedan tener en la vida.

De acuerdo con lo anterior, el gobierno no estaría respetando el derecho a decidir entre planes si vida si otorga a los ciudadanos un seguro social universal (el Seguro Popular en México, por ejemplo) o los obliga a comprar un seguro para autos contra daños a terceros (obligatorio en Morelos). En el primer caso el gobierno podría alegar que sus ciudadanos son tan pobres o ignorantes que no pueden contratar o no conocen los seguros, por lo que de forma paternalista les regala el seguro. En este caso, las leyes fracasaron en otorgarle a todos igualdad de oportunidades en educación o posibilidades para allegarse recursos. En el segundo caso, el gobierno reconoce que sus leyes son tan ineficaces que no le garantizan a nadie cobrar el daño que le causa un tercero, por lo que obliga a todos a compartir el riesgo. Tampoco está respetando el derecho a decidir entre distintos planes de vida. En ambos casos, el resultado depende, como alega Dworkin, de las leyes vigentes en el lugar donde es gobernada.

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Dos principios

En la obra Ocho lecciones sobre ética y derecho, Carlos Nino explica los principios detrás de la obra A Theory of justice de Rawls:

Según el primero -porque además tienen un orden jerárquico- todos poseen igual derecho a la máxima libertad que sea compatible con una libertad equivalente de los demás. Y en segundo lugar está lo que denomina principio de diferencia, que tiene una posición subordinada respecto del primero, y que dice que todos los bienes de tipo social y económico -que comprenden cosas tales como el ingreso, el prestigio social, etc.- también deben ser distribuidos igualitariamente -esta es la cláusula principal- excepto cuando una distribución desigual fuera en beneficio de … […]

Y Carlos Nino aclara que en un libro Rawls dijo que en beneficio de todos y en otro libro, que en beneficio de los menos favorecidos.
En la revista Nexos, Jesús Silva-Herzog Márquez publica un texto titulado “Del chantaje al campamento”en el que recomienda un texto de Gerard Allan Cohen titulado Socialismo, ¿por qué no? Según Cohen, explicado por Silva-Herzog, la tesis de Rawls permitiría el disminuir impuestos a los ricos, si la riqueza permea entre los pobres y por el contrario, si se obstaculiza el enriquecimiento se le causa un daño a los pobres, por lo que en opinión de Cohen, la tesis de Rawls se resume en un chantaje.
De la situación del campamento, Cohen deriva dos principios; el principio igualitario y el principio comunitario. El segundo principio limita la operación del primer principio prohibiendo ciertas desigualdades que el principio igualitario permite. Para Cohen, el principio igualitario correcto es el de igualdad de oportunidades, pero hay varias modalidades. La igualdad burguesa, según Cohen, elimina restricciones sociales, formales e informales; el trabajo de los siervos o las leyes racistas. Aún así una persona con “el color equivocado” puede sufrir pues posee una conciencia de raza que le genera una desventaja racial. La igualdad de la izquierda liberal va más allá de la burguesa. Este tipo de igualdad trata de superar el origen social y que el desarrollo posterior dependa de los talentos natos o de sus elecciones. Por ejemplo, las políticas públicas en educación que pretenden dotar de igual educación a todos los niños para que el punto de partida sea el mismo. De tal forma que, para Cohen, la igualdad de la izquierda liberal corrige la desventaja social, pero no la desventaja de nacimiento. Lo que Cohen llama igualdad socialista, borra tanto las desventajas sociales como las natas. Entonces, si las personas ganan lo mismo, ya sea que trabajen o no trabajen, en este tipo de igualdad ello se traduce en una preferencia entre quienes les gusta trabajar frente a quienes no, como quien prefiere las manzanas a las naranjas.
Me parece que el tipo de igualdad que propugna Cohen cae en la misma crítica que se le hace al utilitarismo. Para Kant no es lícito utilizar a una persona como medio, pues las personas son fines en sí mismas. Carlos Nino explica que para el utilitarismo sería posible sacrificar a ciertos hombres con tal de alcanzar un mayor beneficio para el conjunto la sociedad. En la igualdad socialista de Cohen se sacrificaría a las personas talentosas -ya sean talentos naturales o adquiridos- para que no puedan obtener una ventaja de sus cualidades natas. Una chica guapa no se podría beneficiar de su belleza para conseguir un trabajo o un marido. Un buen pescador no se beneficiaria de su pesca, tendría que comer tanto pescado bueno como malo. Una persona con un conocimiento especializado o que sabe algo que los demás no, no se podría beneficiar de su situación. Todos deberían compartir, como en el campamento, y obtener beneficios de su altruismo. Pero la situación del campamento es muy similar a la situación de la familia. Se hacen sacrificios por el bien de los suyos esperando el bienestar colectivo, ¿en qué difiere del utilitarismo? Ah, en que no te puedes beneficiar de las ventajas naturales, ni sociales.
Ahora, me parece también que estas interpretaciones del utilitarismo pasan por alto la prohibición de causarle un daño a los demás, por lo que no se podría “sacrificar” a los demás, pero esto último depende de qué tan figurado sea el sentido del sacrificio; es obvio que no los van a subir al chacmol.

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La marca del editor

En la obra La marca del Editor, Roberto Calasso describe al editor como autor de un libro único. La marca del editor, lo distintivo de un sello editorial, fue dejada por varios editores como Giulio Einaudi (Italia), Luciano Foà (Italia), Peter Suhrkamp (Alemania) o Vladimir Dimitrijevic (Macedonia).

En el fondo, este proceso peculiar, por el que una serie de libros pueda ser leída como un libro único, ya ha sucedido en la mente de alguien, por lo menos de esa entidad anómala que está detrás de cada libro en particular: el editor.

En el caso de la editorial Adelphi, su editorial, se pone especial atención en la forma, para publicar los libros más bellos del mundo. Su modelo es la obra Hypnerotomachia Poliphili, “Batalla de amor en un sueño”, editado en 1499 por el veneciano Aldo Manuzio y al que Calasso se refiere como “el libro más hermoso que se haya publicado hasta nuestros días.” Lo extraño es que el libro está escrito en un lenguaje imaginario; “compuesto sólo de mezcolanzas e hibridaciones de palabras italianas, latinas y griegas…” Calasso atribuye a Manuzio ser el primero en concebir la edición como forma. Y aunque se podría pensar que en su editorial no se preocupan por el contenido, es todo lo contrario; Calasso critica a editores como Giulio Einaudi quien ni siquiera leía lo que publicaba. “El joven Einaudi no es, ni será nunca, un lector.”

En efecto, si les dijera sin medias tintas que a mi parecer un buen editor de nuestros días debiera simplemente tratar de hacer lo que hizo Manuzio en Venecia en el primera año del siglo XVI, ustedes podrían pensar que estoy bromeando, cuando de hecho no bromeo en absoluto.

Calasso cita el caso del joven alemán Kurt Wolff, que a inicios del siglo pasado publicó una colección de “cuadernos más bien inusitados, de formato vertical” llamada El Día del Juicio (Der Jüngste Tag). En ella aparecieron por vez primera los textos de Kafka.

Al principio se hablaba de libros únicos. Adelphi no tenia nombre todavía. Sólo existían unos datos seguros: la edición crítica de Nietzsche, que bastaba por sí sola para dar una orientación a todo el resto.

Según la Wikipedia, la edición crítica de Nietzsche fue la primera publicación de Aldelphi, que Einaudi se negó a publicar, y lo hicieron en colaboración con la editorial Gallimard y Walter de Gruyter.

Adelphi ha publicado hasta libros religiosos, y entre toda la mezcolanza de títulos, el editor tiene la capacidad de distinguir su obra en el conjunto de las obras publicadas.

Pero no todo es miel sobre hojuelas en el mundo de la edición, Calasso plantea varios problemas que podrían terminar con la profesión del editor; el self-publishing, el aplanamiento de los perfiles editoriales y la lucha contra el copyright.

En la inmediatez actual, el editor aparece como obstáculo entre el autor y el lector, por lo que merece desaparecer.

En los primeros años del siglo XXI hemos asistido, en cambio, a un progresivo aplanamiento de las diferencias entre editores. En rigor, como saben bien los agentes más sensatos, todos compiten hoy por los mismos libros y el vencedor se distingue sólo porque, al ganar, se ha quedado con un título que se revelará como una catástrofe o una fortuna económica.

La lucha contra el copyright, desde mi personal perspectiva, presenta claroscuros. Por la difícil distinción entre lo que debiera darse a conocer de lo que debe o puede defenderse. Me recuerda el infame juicio al que fue sometido Horacio Potel por la publicación en línea de los textos de Derrida. Pero para Calasso, el problema radica en la falta de reconocimiento de una obra de ingenio.

La negativa a remunerar, en una cultura que prohíbe no remunerar a los empleados de la limpieza, implica que la obra de ingenio no sea considerada un verdadero trabajo. Pero si no es tal, ¿de qué modo deberemos considerarla? Como publicidad del autor por sí mismo. El pago por esa publicidad sería el trabajo mismo realizado por el autor al dar forma a su obra. En esta perspectiva, el autor no viviría de los ingresos que se derivan de las ventas de su obra, sino del hecho de que su obra provocaría invitaciones a actos públicos, encargos, asesorías, o estancias en campus de escritura creativa -éstos sí, adecuadamente retribuidos. Con lo cual se reconstruiría un equilibrio aceptable.

Calasso parece lamentar que en la industria editorial ocurra lo que sucedió en la industria discográfica, en la que los intérpretes ganan más con sus presentaciones que con las canciones vendidas. Y el autor reconoce que para que tal concepción se imponga, se tendría que considerar toda obra mental como comunicación.

Esta condición socarrona y envilecedora corresponde al carácter de esoterismo coactivo que distingue de manera cada vez más evidente a la innombrable actualidad. Así como en los sattra, los ritos védicos más audaces, extremos e interminables, queda borrada la distinción entre el sacrificante y el oficiante -y con ella se borraba también la obligación de los honorarios rituales para el oficiante (la daksina, sin la cual el rito mismo no podía ser considerado efectivo)-, así en el momento internético es cada vez menor la diferencia entre obra y comunicación, entre autor y genérico digitalizador.

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Liber Libri

En la obra La marca del editor, Roberto Calasso comenta un texto de Kevin Kelly publicado en el New York Times Magazine y que lleva por título “¿Qué pasará con lo libros?” Y aunque en un inicio Calasso pensó que se trataba de otra alerta más, se dio cuenta que había algo más profundo en el planteamiento de Kelly.

Kelly ve un futuro de libros digitalizados, pero encuentra dos obstáculos; el copyright y el libro físico, porque resulta complicado voltear la página para escanear millones de libros que se pretenden digitalizar.

El asunto es que la digitalización universal implica una hostilidad hacia un modo del conocimiento y sólo en segundo término hacia el objeto que lo encarna: el libro.

Y el miedo de Calasso no es la desaparición del libro, pues “ha visto correr mucha agua bajo el puente y siempre ha sobrevivido”, sino “la destitución de un modo de conocimiento que está estrechamente ligado al uso del libro”.

Los libros, como fueron inventados, están separados. Aunque estén juntos en una biblioteca, un libro no sabe de qué trata el de a lado. Después del escaneo, en un segundo momento, vendrá el bondage o la interconexión de todas las palabras, de todas las ideas, de todos los libros.

Los autores, dice Calasso, producen cadáveres. Una vez que la obra está terminada, queda “fijada y finita”, es decir, muerta. Hace falta del lector que le de vida a las palabras. No puedo imaginar una máquina o robot capaz de leer y darle vida a todas las palabras de todo el mundo, conectándolas una con otras; esa sería la mejor representación del mundo controlado por zombis.

Kelly asegura que leer se convertirá en una actividad comunitaria, se comparten las anotaciones en los libros, las glosas, las bibliografías. “De manera curiosa, la biblioteca universal se vuelve un sólo texto, muy grande: el libro único del mundo”.

Cuando se dice que “leer se vuelve una actividad comunitaria” se sobreentiende que el pensamiento secreto, impenetrable, despierto y silencioso del cerebro individual que lee ha sido sustituido por la sociedad: un cerebro inmenso y capilar constituido por todos los cerebros, cualesquiera que sean, porque actúan en red y se hablan entre sí.

Aunque Calasso no lo menciona, ahí se encuentra la analogía del exocerebro con la red internet. Pero lo que plantea Calasso, es un exocerebro colectivo y no una prótesis o muleta del cerebro individual. Nicolás Carr en The Shallows: What the internet is Doing to Our Brains ya había hablado sobre los cambios de conducta que experimentó a partir de su adicción a la red. Nuestro cerebro, deja de aprender, de memorizar, y esa tarea es delegada al exocerebro que es la red Internet.

Del libro único del mundo, al Liber Mundi hay sólo un paso. Calasso da ese paso:

El Liber Mundi es sustituido por “el libro único del mundo”, accesible solo en pantalla. En cuanto al mundo, es borrado, superfluo, en su mudo y refractario carácter ajeno. El punto más angustiante, contraseña definitiva de la parodia, es que mientras escribía estas palabras, Kelly asumía el tono cordial de quien evoca un grupo de antiguos compañeros de universidad que se intercambian apuntes y fotografías, y se divierten ayudándose unos a otros.

En algún momento Calasso se pregunta si hay algo más grande que el proyecto de Google de digitalizar todos los libros. Y encuentra que Joe Gould, un personaje de ficción de Joseph Mitchell, trató de escribir la “historia oral”, es decir, transcribir las conversaciones de todos; en el bar, en el metro, en el trabajo, etcétera. Hoy en día sería tan fácil como guardar todas las conversaciones en línea (chats) y todos los posts de todos los blogs, aun los borrados, de eso que Calasso llama “literatura efímera” y de la cual forma parte este blog.

Calasso ve en este proceso de digitalización, la destrucción de las portadas de los libros porque ya no son necesarias. La portada es la piel del libro. La portada es el recuerdo de la mente de que “se puede actuar en lo analógico, sin detrimento de lo digital”. Destripar los libros y desechar la piel parece ser el procedimiento. Conectar todas las palabras de todos los libros para formar un libro único nos recuerda a quien sacó las entrañas a los muertos para crear a Frankenstein.

No sin cierto espanto tuve que reconocer que el sueño de Kelly iba a dar en las mismas dos palabras acerca de las que estaba escribiendo: el libro único. La digitalización universal debía al fin cubrir la tierra de una película impenetrable de signos (palabras, imágenes, sueños). No se trataría ya del Liber Mundi de la mística medieval, de Leibniz y de Borges, sino de algo mucho más audaz: el Liber Libri, la emancipación envolvente que, a partir de una sola página digitalizada, llega a revestir el todo como libro único. En este punto el mundo podría incluso desaparecer, porque ya es superfluo; sería sustituido por la información acerca del mundo. Tal información podría ser incluso, en su parte fundamental, errada. El complot universal más eficaz y adaptado a la situación del momento sería el que impusiese a sus adeptos el nutrir a la red sólo con informaciones falsas. Bacon, factótum del progreso, hablaba de veritas filia temporis, pero -agrega Blumenberg- igualmente se hubiera podido decir, como se vio enseguida en los escritos de Pierre Bayle: error filis temporis. Así de lejos se llega a partir de la simple abolición de las portadas.

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