La opinión de Nietzsche sobre el FCE

En verano impartí un curso de regularización de la materia Filosofía del Derecho a un sólo alumno. Un día el alumno no pudo asistir a la clase, por consecuencia le pedí que comprara el libro de Carl Joachim Friedrich y que estudiara el capítulo correspondiente a la clase. Aunque era uno de esos libros que antes el Fondo de Cultura Económica (FCE) imprimía como tortillas, estaba agotado. Pensé que la actual generación de estudiantes está en una peor situación que mi generación; los pocos libros en papel se agotan y las editoriales no sacan nuevas ediciones ni los publican electrónicamente. ¿Quién va a publicar esos libros si no lo hace el FCE?
La discusión en torno al FCE empezó cuando Jesús Silva-Herzog Márquez criticó a José Carreño Carlón por organizar un debate en su calidad de director del FCE al que es su jefe, el Presidente de la República.
Leo Zuckermann se fue a meter entre las patas de los caballos al opinar, en su columna del periódico Excelsior, que no se justificaba la existencia del Fondo, que todo el dinero que se destinaba a ese fin sólo beneficiaba a los ricos quienes, paradójicamente, eran los que más leían.
La barbarie liberal de Leo Zuckermann casi le provoca el patatús a Silva-Herzog Márquez y mereció airados comentarios, ríos de tinta.
Es un hecho que desde el 25 de agosto de 1900 Friedrich Nietzsche está bien muerto, pero gracias a ese invento llamado libro, y que el FCE tiene por objeto publicar, podemos conocer la opinión de Nietzsche al respecto.
Roberto Calasso, en su obra La literatura y los dioses, cita la obra El futuro de nuestras escuelas de Nietzsche y resume de esta manera su postura:

El presupuesto de Nietzsche era éste: la institución educativa, que hubiera debido representar la cultura de entonces en su forma más severa y ejemplar -el ilustre liceo alemán-, era testimonio de un “estado de barbarie en las tareas asignadas a la cultura”. Detrás del espejismo progresista de la “cultura generalizada”, Nietzsche vislumbraba la feroz determinación del Estado -y, ante todo, del Estado alemán- de crear buenos dependientes. “La fabrica reina”, anotaba, en una fórmula en la que ya se anuncia el siglo siguiente. Ahí donde se afirma que la cultura debe servir, la soberanía ya no es de la cultura sino de la utilidad: “Basta comenzar a ver en la cultura algo que rinda utilidad; pronto se confundirá lo que rinde utilidad con la cultura. La cultura generalizada se transforma en odio contra la verdadera cultura”.

La clave

Al profesor Ignacio Díaz de la Serna debo el apetito por la obra de Roberto Calasso. Fue en su clase de Arte y Filosofía que nos dejó leer La ruina de Kasch. Nos advirtió que con Calasso sólo había dos posibilidades; o es un tipo fuera de serie que cita fuentes en sáncrito o el tipo nos está tomando el pelo a todos. Me inclino por la primera posibilidad.
Varios de sus libros se venden con el lema de que esa obra es “la clave” para entender el resto de su obra y termina el lector desilusionado por el engaño. A mi parecer, la clave se encuentra en su obra La literatura y los dioses.
¿Por qué los poetas escribían sobre los dioses? El autor se aventura por varias hipótesis; para parecer nobles, eruditos, exóticos o simplemente para parecer poetas. Sin embargo, reconoce Calasso; “hubo un tiempo en que los dioses no eran tan sólo un hábito literario”. Aparecían súbitamente como una gringa borracha en cualquier playa mexicana durante las festividades del spring break (eso no lo dice Calasso, es un comentario del autor del blog).
El problema de los dioses es paradójico porque ya no tienen pueblo que celebre sus ritos y sólo habitan en los libros.

Porque en el ínterin todas las potencias del culto han emigrado a un sólo acto, inmóvil y solitario: el de leer.

Y este “fenómeno grandioso” por el que signos que pasan frente a los ojos en una pantalla o una página, y se transforman en el teatro de la mente es el acto de la lectura.

El teatro de la mente parece haberse dilatado, para acoger prolíficas hileras de signos en espera, incorporados en esa prótesis que es el ordenador. Sin embargo, con supersticiosa seguridad, todos los sortilegios y todos los poderes son atribuidos a aquello que aparece sobre la pantalla, no a la mente que elabora y que, ante todo, lo lee.

Para Calasso, no existe proceso tecnológicamente más avanzado que el que realiza la mente.

Esta gran escena a nada se parece tanto como a la vibrante extensión oceánica que los videntes védicos reconocían a la mente misma, manas.

Más adelante en esta obra, Calasso opina que Mallarmé hizo de la poesía una experiencia mental y critica a los seguidores de este último que ven en dicha actividad la reducción del mundo a la palabra.

El presupuesto de esta interpretación es el mismo postulado que rige en buena parte de nuestro mundo, que lo ayuda a funcionar, pero al mismo tiempo lo vuelve inepto para acoger buena parte de lo esencial. En su forma más concisa, tal postulado declara que el pensamiento es lenguaje. Pero nosotros no pensamos en palabras. Pensamos a veces en palabras. Las palabras son archipiélagos esporádicos y fluctuantes. La mente es el mar.

Para los visionario védicos; “todo lo que existe está compenetrado por dos potencias invisibles -“mente”, manas, y “palabra”, vac-, pareja de gemelos que tienen la característica de ser al mismo tiempo “igual”, samana, y “distinta”, nana“.

Hay empero un aspecto bajo el cual mente y palabra divergen drásticamente: la extensión. “Mente es mucho más ilimitada y palabra es mucho más limitada”. Estas dos entidades pertenecen a dos niveles distintos de aquello que es, pero para actuar con eficacia deben aparearse, uncirse. Por sí solas, mente y palabra son impotentes, o al menos insuficientes para transportar la ofrenda hasta los dioses. El caballo de la mente debe dejarse enjaezar con la palabra, con los metros; de otra forma se perdería.

Art.87 párrafo 13 de la Ley General de Partidos Políticos

El comunicado número 7162 de comunicación social de la LXII Legislatura de la Cámara de Diputados daba cuenta de la molestia del Partido Acción Nacional por la contra reforma que impulsaban el PRI, PRD, PVEM, PT y MC en el tema de las coaliciones y la repartición de los votos coaligados. Este tema orilló al PAN a levantarse de la mesa de discusión de la reforma energética y esta actitud propició que la contra reforma se congelara en la Cámara de Senadores. Bueno, pues ayer el pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación echó por tierra el párrafo 13 del artículo 87 de la Ley General de Partidos Políticos.
Dicho párrafo establece que en “los votos en los que se hubiesen marcado más de una opción de los partidos coaligados, serán considerados válidos para el candidato postulado, contarán como un solo voto y sin que puedan ser tomados en cuenta para la asignación de representación proporcional u otras prerrogativas.”
La Corte consideró que esta prohibición incidía negativamente en la representación proporcional y se limitaba el efecto del voto del ciudadano, ya que unos contarían plenamente y otros por mitad, y para la Corte todos los votos son iguales.
Los secretarios que realizaron el estudio le pasaron una hojita a la ministra Luna Ramos que leyó en la sesión:

Se advierte que, aun cuando las coaliciones respecto de órganos legislativos sólo se encuentran previstas para elecciones de senadores y diputados de mayoría relativa federales y locales, el voto de los electores cuenta tanto para estos efectos en cuanto al candidato postulado por la coalición como para la asignación de curules por el principio de representación proporcional, lo cual obedece al carácter único e indivisible del sufragio.

El ministro Ortiz Mena argumentó que dicha regulación iba en contra del principio de equidad:

Desde mi perspectiva, el legislador reguló las coaliciones de una forma incompatible con dicho principio de equidad, al cancelar la posibilidad de que los partidos coaligados obtengan el cómputo de los votos otorgados en común, como coalición, al final del proceso cuando ya han llevado a cabo una campaña de coalición para las elecciones de representación proporcional, pero sí permitiendo el cómputo de esa votación para la elección de candidatos por el principio de mayoría relativa, genera un esquema que impacta desproporcionalmente de manera desfavorable a una clase bien identificada de esos partidos coaligados, los que tengan la menor representación.

Y dentro de esta discusión de los principios constitucionales, también mencionó el de seguridad jurídica y afirmó:

Adicionalmente, como una segunda razón de inconstitucionalidad, considero que la norma impugnada es irregular por poner en entredicho el principio de seguridad jurídica, pues establece que un mismo voto sea parte válido y en otra nulo, lo que, desde mi perspectiva, genera incertidumbre, pues se trata de una misma voluntad de la persona unitaria que artificialmente se declara válida para la asignación de representación por mayoría simple y no para la asignación de representación proporcional.

Otra consideración interesante que hizo la ministra Luna Ramos fue que para determinar la votación válida emitida, el legislador fue omiso al no considerar en la fórmula a los votos coaligados.

En este sentido, el legislador no puede prever condicionantes adicionales a las que establecen en la Constitución para la asignación de representación proporcional, so pena de afectar la
integración de las Cámaras del Congreso de la Unión y distorsionar la voluntad del elector, por tanto, resulta injustificado que el artículo 87, párrafo 13, de la Ley General de Partidos Políticos, determinen no tomar en cuenta los votos válidos emitidos a favor de dos o más partidos coaligados, marcados en las boletas electorales para efectos de asignación de representación proporcional, pues esto implicaría que la conformación de las Cámaras no reflejara realmente la voluntad de los electores manifestada en las urnas, incidiendo negativamente en aspectos de representatividad al inferior del órgano legislativo.

Entonces surge una pregunta; ¿cómo se contarán esos votos? La propuesta de la ministra Luna Ramos fue en el sentido de que contaran por partes iguales que era el sentido de la contra reforma de los partidos políticos. Si el elector marca dos casillas, contará por mitad. Si marca tres, por tercios. Y así.

El hecho de que se declare la invalidez de este artículo, queda sujeto a la interpretación de cómo se llevaría a cabo la distribución de los votos, pero debo de mencionar que en la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales, en el artículo 311 —si no mal recuerdo— ahí viene también otra interpretación donde se dice que estos votos se asignarán por partes iguales a cada uno de los partidos que se encuentren tachados, o sea, un solo voto, pero asignados por partes iguales a cada partido. Esta es una interpretación que no está sujeta a discusión, de alguna manera está establecido en un artículo distinto, pero está dentro de la Ley de Instituciones y Procedimientos Electorales.

Texto y contexto

En la obra Proust y otros ensayos, Samuel Beckett dice:

La individualidad es la concreción de lo universal, y cada acción individual es al mismo tiempo superindividual. Lo individual y lo universal no se pueden entender como formas distintas.

Esto me hizo recordar el fundamento filosófico que Mauricio Beuchot busca en el capítulo sobre América Latina de su obra Derechos Humanos: Historia y Filosofía y en éste concluye:

Lo particular aporta su granito de arena a lo universal. No se queda en lo puramente particular, pero tampoco se diluye en lo puramente universal.

Dentro de su propuesta del universal analógico, Beuchot pretende fundar lo universal desde la particularidad cultural. Para ello no basta filosofar desde Latino América o del contexto de lo latinoamericano, sino que persigue una síntesis entre la universalidad y la particularidad latinoamericana.

Si se pide que haya sólo contextualidad, será algo imposible de cumplir. Lo mismo si se pide que haya sólo textualidad, universalidad, aplicación indiferenciada a todos.

Por el mismo estilo de lo que sucede con la ley.

Texto y contexto, como la letra y el espíritu en la ley, se contrapesan: si sólo atendemos a la letra, cometemos injusticia; si sólo atendemos al espíritu de la ley, también; es necesario considerar con igual cuidado el texto de la ley y el contexto de su aplicación, las circunstancias en que se ha de hacer concreta.

Beuchot no concibe la universalización de los derechos humanos como la imposición de la concepción europea de éstos, por ello propone adoptar el pragmatismo de Peirce que estima la teoría y la praxis; y no el pragmatismo de Rorty que, según Beuchot, lo importante para él es que funcione la praxis aunque la teoría salga sobrando.

Lo que se está pidiendo es una universalización que no se dé por algo a priori, sino a posteriori, en un proceso de abstracción y de diálogo al mismo tiempo, en una dinámica de compartir la experiencia y elevarla a la teoría.

El punto de partida de Beuchot es el pensamiento indígena, al que no considera como occidental.

Se alega que muchos pueblos no exigen para su filosofía fundamentos racionales fuertes, sino mitos, apólogos, relatos llenos de sabiduría, y experiencia.

En contrapartida, Beuchot comenta que también los griegos habían depositado su sabiduría en dramas y tragedias, pero hicieron el esfuerzo de la teorización. Beuchot no deja de lado las violaciones a los derechos humanos que se dieron durante la conquista (hasta la fecha me da escalofríos la frase “Préstame un cuarto de un bellaco desos para dar de comer a mis perros hasta que yo mate otro”). Sin embargo Beuchot argumenta que a través de la empatía y la compasión se puede llegar a la universalización por una vía distinta a la abstracción intelectiva o al diálogo.

Lo importante es lograr esa universalidad requerida por los derechos humanos, y no unilateralizar el procedimiento para hacerlo; todos los instrumentos intervienen: la abstracción intelectiva, el diálogo discursivo, la empatía, la solidaridad, etc.

Así que propone partir del barroco y el mestizaje, cuando lo más duro de la conquista había ya pasado.

El barroco produjo un híbrido: el pluralismo (ni universalismo extremo ni particularismo extremo); con él tuvo que responder a las exigencias del momento. Ciertamente no lo podremos aplicar tal cual hoy en día, pero nos da algunos elementos paradigmáticos que nos pueden ayudar a plantear un nuevo humanismo como a los que se les planteó a los hombres del barroco. Ahora vivimos un caso similar, sólo que ahora no tanto un mestizaje de razas, sino de culturas, que requiere un pluralismo cultural y político.

El lenguaje, la poesía y la metafísica.

En la obra Proust y otros ensayos, Samuel Beckett cita a Giambattista Vico que en su obra Scienza nuova recupera una antigua distinción de los egipcios, a través de Herodoto:

Su división del desarrollo de la sociedad humana en tres edades –teocrática, heroica, humana (civilizada), con sus correspondientes clasificaciones de lenguaje: jeroglífico (sagrado), metafórico (poético), filosófico (apto para la abstracción y la generalización)– no era nueva en absoluto, aunque sin duda era novedosa para sus contemporáneos.

Samuel Beckett opina que a través de estas consideraciones Vico construye una Ciencia y Filosofía de la Historia.
En una entrada anterior al blog se comentó que para Jean-Paul Sartre, las formas de concebir son perceptivamente, por concepto o por imágenes. Y para Sartori, las palabras están en lugar de lo simbolizado, por lo que se tendría imágenes percibidas, imágenes concebidas e imágenes fantásticas. Si se compara lo anterior con lo dicho por Vico, el lenguaje jeroglífico correspondería a las imágenes percibidas o a lo percibido; el lenguaje poético, a las imágenes fantásticas o a la simple imagen; y el lenguaje filosófico, a las imágenes concebidas o al concepto. Aunque Vico rechaza esta visión simbólica del lenguaje:

Aquí también rechaza tanto la visión materialista, que declara que el lenguaje no es más que un simbolismo formal y convencional, como la trascendental, que lo trata, de pura desesperación, como un regalo de los dioses.

Parece ser que la poesía es más apta para captar lo esencial, pues Beckett le atribuye una importante función:

La poesía fue la primera operación de la mente humana, y sin ella el pensamiento no existiría. Los bárbaros, ineptos para el análisis y la abstracción, tienen que recurrir a su fantasía para explicar lo que su razón no alcanza a comprender. Antes de la argumentación viene el canto; antes de los términos abstractos, las metáforas. El carácter figurativo de la poesía más antigua no se debe considerar como una confección sofisticada, sino como una prueba de la escasez de vocabulario y de la incapacidad para lograr la abstracción.

Para Vico el lenguaje sigue un proceso evolutivo:

En su forma muda primitiva, el lenguaje era gesto. Si un hombre quería decir “mar”, señalaba el mar. Con la difusión del animismo ese gesto se reemplazó con la palabra: “Neptuno”. Vico nos hace notar que cada necesidad de la vida, natural, moral o económica, tiene su expresión verbal en una u otra de las treinta mil divinidades griegas. Este es “el lenguaje de los dioses” de Homero. Su evolución, a través de la poesía, hacia un vehículo altamente civilizado que abunda en términos abstractos y técnicos fue tan poco fortuita como la evolución de la misma sociedad. Las palabras, como las fases sociales, tienen sus progresiones.

En Neptuno Alegórico, cuando Sor Juana Inés de la Cruz pide que se pinte el mar como jeroglífico, éste hace alusión a la belleza de la Marquesa; y cuando pide que se pinte a Neptuno, se refiere al Marqués de la Laguna.

La alegoría implica una operación intelectual triple: la construcción de un mensaje de significado general, la preparación de una forma fabulosa, y la unificación de ambas, ejercicio cuya dificultad técnica lo dejaba absolutamente fuera del alcance de la mente primitiva. Además, si consideramos que el mito es, en el fondo, alegórico, no estamos obligados a aceptar la forma en la cual se ha plasmado como exposición de hechos reales. Pero sabemos que los creadores de esos mitos los tomaron absolutamente al pie de la letra. Júpiter no era un símbolo: era espantosamente real.

Y Beckett argumenta que era precisamente ese carácter metafórico superficial el que volvía a las personas incapaces de percibir más que el registro de la objetividad. De la misma manera que quienes observaban el Neptuno Alegórico de Sor Juana no comprendían los mensajes ocultos en él.

La Poesía es esencialmente la antítesis de la Metafísica: la Metafísica purga a la mente, la libera de los sentidos, cultiva la descorporización de lo espiritual; la Poesía es toda pasión y sentimiento y anima lo inanimado; la Metafísica es más perfecta mientras más se preocupa de lo universal, y la Poesía mientras más se preocupa de lo particular. Los poetas son el sentido de la humanidad, los filósofos su inteligencia.

Pero Beckett se aparta de lo que Vico sostiene y dice:

He aquí, entonces, una exposición torpe del tratamiento dinámico que le da Vico al Lenguaje, la Poesía y el Mito. Aún puede parecer un místico para algunos: de ser así, es un místico que rechaza lo trascendental en todas sus formas como factor de desarrollo humano, y cuya Providencia carece de la divinidad necesaria para poder prescindir de la cooperación de la Humanidad.

Beckett encuentra la divinidad en la Humanidad, pero los hombres carecen de divinidad. El mejor exponente de la filosofía de Vico para Beckett es James Joyce:

Hay una infinita germinación, maduración y putrefacción verbal, el dinamismo cíclico de lo intermedio. Esa reducción de varios medios expresivos a lo que eran –económicos, directos– en su estado primitivo, y la fusión de esas esencias primitivas en un medio asimilado para la exteriorización del pensamiento, es Vico puro, y Vico en su aplicación, además, al problema del estilo.

En la obra Work in progress, Joyce separa la metafísica de su escritura:

Nos damos cuenta de que prácticamente se evita el subjetivismo o la abstracción, todo tipo de generalización metafísica. Se nos presenta una afirmación de lo particular. Es el viejo mito: la niña en el camino de tierra, las dos lavanderas en la ribera del río. Y en todas partes hay animismo: la montaña “abhea- ring”, el río “puffing her old doudheen”.

Mr. Joyce, como Beckett lo llama, logró unir la forma con el contenido y viceversa:

Aquí la forma es contenido, el contenido es forma. Ustedes alegan que esto no está escrito en inglés. En realidad, no está ni siquiera escrito. No es para leer, o más bien no es sólo para ser leído. Es para ser visto y oído. No es que Mr Joyce escriba sobre algo; su escritura es ese mismo algo.

Cuando el sentido es el sueño, las palabras de Joyce duermen. Si es el baile, éstas bailan. Si es la embriaguez, las palabras se tambalean y arrastran. Pero en opinión de Beckett, no fue Joyce el primero en utilizar las palabras de esa manera:

Shakespeare usa palabras gordas, grasosas, para expresar la corrupción: “Duller shouldst thou be than the fat weed that rots itself in ease on Lethe wharf ”.11 Escuchamos como chapotea el limo en toda la descripción del Támesis que hace Dickens en su Great Expectations. Esa escritura que ustedes hallan tan oscura es una extracción quintaesencial del lenguaje y la pintura y el gesto, con toda la claridad inevitable de los tiempos anteriores al refinamiento verbal. Aquí está la brutal economía de los jeroglíficos. Aquí las palabras no son las contorsiones de tinta reticentes que salen de las imprentas del siglo XX. Están vivas.

Cerati, in memoriam.

Carajo, ya estoy viejo. No puedo recordar cuando vi por vez primera a Soda Stereo. Es muy probable que haya sido en uno de los dos conciertos que dieron en el Hotel de México el 26 y 27 de noviembre de 1987, pero no me acuerdo. De todos modos, según leo, no fue el primer concierto de Soda Stereo en México. Ese honor le corresponde al “Magic Circus” el 4 de agosto de 1987, demasiado fresa para mi en ese entonces.
Tengo muy grabada en la mente la única presentación de Radio Futura en el sótano del Hotel de México. Aquella vez asistí con mi amigo Julián Romero. En la entrada del concierto decomisaron una gran cantidad de navajas, boxers, chacos, etcétera. Y pienso que mi generación estaba verdaderamente mal de la cabeza, ¿a quién se le ocurriría ir armado a un concierto hoy en día? No sé si fue la cantidad de marihuana que rolaba ese día o si los ánimos estaban desbordados, pero el piso se movía como olas en el mar. El vocalista, Santiago Auserón, pedía que brincáramos con el alma, no con el cuerpo. En la Wikipedia lo describieron así:

El grupo ofreció, entre otros conciertos, dos recitales gratuitos en Monterrey y en el DF. Fue especialmente recordado éste último, que se celebró en Hotel de México (hoy World Trade Center), en el que fueron teloneados por Ninot y que estuvo a punto de convertirse en una tragedia: el suelo temblaba fuertemente con los saltos de la gente que abarrotaba la sala, el equipo amenazaba con caerse (la banda tuvo que detener su interpretación en un par de ocasiones) y una parte del público que pretendía entrar tuvo que quedarse fuera por falta de espacio. Aun con el éxito de la presentación, Radio Futura no volvería a México.

No me acuerdo de Ninot, pero me acuerdo de Kenny y los eléctricos, y de Botellita de Jerez. ¿Habré ido a dos distintos conciertos en el mismo lugar y por eso me confundo? Con mis recuerdos murieron Enrique Sierra (Radio Futura) y Antonio Vega (Nacha Pop). Hoy falleció Gustavo Cerati. Descanse en paz.

Ser culto o ser inteligente

En el sitio de internet pijamasurf.com apareció un artículo titulado “Hay una gran diferencia entre ser culto y ser inteligente (y “Esperando a Godot” de Beckett lo enseña)” En el artículo, el autor del blog señala que por un proceso evolutivo todos los seres humanos son inteligentes, pero no todos son cultos.

Así, alguien es culto por los libros que ha leído y recuerda, por la calidad de su vocabulario, por las películas que ha visto e incluso por los viajes que ha realizado. Culto es aquel que se ha cultivado, como un campo, para obtener para sí los mejores frutos de la civilización. Desde una perspectiva en la que se combinan los proyectos más ambiciosos de Occidente —de los valores de la antigüedad clásica al humanismo del Renacimiento, el cristianismo y la Ilustración—, una persona culta también es compasiva, empática, solidaria, amable y quizá hasta sabia. En pocas palabras, hay toda una corriente de pensamiento que ha defendido que el ser humano se vuelve tal sólo gracias a la cultura.

Pero cuando la cultura se convierte en un elemento de las clases privilegiadas, ya sea porque la persona tuvo acceso a esos viajes, lecturas, escuelas, etc. y sirve para discriminar, entonces es deleznable.

¿Y la inteligencia? Quizá ahí se encuentren otras posibilidades. A pesar del dicho de Proust —“Cada día atribuyo menos valor a la inteligencia”—, quizá la inteligencia sea ese salvoconducto que nos lleve fuera de las posturas falsas y los simulacros de la cultura contemporánea.

El autor del blog cita un artículo publicado por The Guardian en el que su autor; Nicholas Lezard, se cuestiona si Samuel Beckett era inteligente o intelectual, pues los diálogos en sus obras de teatro son simples; pero al mismo tiempo, profundos.

Más tarde descubrí que Beckett era, de hecho, furiosamente intelectual, pero que había dejado atrás la academia, aborrecido la oscuridad de la jerga y ciertamente no era el tipo de intelectual de posición a quien las televisoras piden su opinión.

En la obra Juventud del sudafricano J.M. Coetzee (Premio Nobel 2003), el protagonista se lamenta que su amigo Ganapathy sea simplemente inteligente y no sea un intelectual:

Sin duda, la conversación ganaría mucho si Ganapathy fuera un intelectual en lugar de simplemente listo. Sigue sorprendiéndole que la gente pueda ser tan lista como lo es en la industria informática y que sin embargo no tengan otros intereses más allá de los precios de la vivienda y de los coches. Había creído que se trataba de una manifestación de la famosa ignorancia de la clase media inglesa, pero Ganapathy no es mejor.

En la obra de Coetzee ocurre que el protagonista descubre la novela Watt de Samuel Beckett en una editorial que desde París sólo publica pornografía en inglés para sus subscriptores en Inglaterra y Norteamérica.

Watt no se parece a las obras de teatro de Beckett. No hay enfrentamiento, no hay conflicto, únicamente el flujo de una voz contando una historia, un flujo continuamente asaltado por dudas y escrúpulos, con el ritmo exactamente acompasado con el ritmo de la mente. Watt también es divertido, tan divertido que se desternilla de risa.Cuando llega al final lo empieza otra vez por el principio.

Coetzee ha logrado sembrar la duda en la mente del lector sobre si la novela Watt de Beckett es tan buena que lo hace reír sin poder contenerse. Uno termina comprando la novela de Beckett; lo que probablemente lo hará más culto, pero no más inteligente.

La modernidad y el medievo del INE

Para los modernos, el estado de derecho significa la sumisión de todos al imperio de la ley. Nadie puede estar por encima de ella. En la Edad Media se cuestionaban si el soberano debía obedecer las leyes que el mismo promulgaba. Y llegaban a la conclusión que no, que el soberano sólo debía observar el derecho natural y el derecho divino.
En cumplimiento a las sentencias SUP-JDC-497/2014, SUP-JDC-498/2014, SUP-JDC-499/2014 y SUP-JDC-500/2014 de los respectivos juicios para la protección de los derechos político-electorales del ciudadano, la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación ordenó que “de inmediato, emita el lineamiento en el que se prevean las bases necesarias en las que dé a conocer los elementos básicos para la elaboración del ensayo presencial, así como los parámetros básicos y racionales, que evalúen el requisito consistente en el ensayo presencial…” Y así lo hizo la Comisión de Vinculación con los Organismos Públicos Locales del Consejo General del INE (“la Comisión”, en adelante) con la publicación de los LINEAMIENTOS PARA LA APLICACION Y EVALUACION DEL ENSAYO PRESENCIAL QUE PRESENTARAN LAS 25 ASPIRANTES MUJERES Y LOS 25 ASPIRANTES HOMBRES DE CADA ENTIDAD FEDERATIVA QUE OBTENGAN LA MEJOR PUNTUACION EN EL EXAMEN DE CONOCIMIENTOS EN EL PROCESO DE SELECCION Y DESIGNACION A LOS CARGOS DE CONSEJERA Y CONSEJERO PRESIDENTE Y CONSEJERAS Y CONSEJEROS ELECTORALES DE LOS ORGANISMOS PUBLICOS LOCALES (“los lineamientos”, en adelante).
Todo para que durante la aplicación del ensayo presencial la Comisión no observara lo que ella misma determinó para la ocasión. En la anterior entrada al blog se comentó que los aspirantes identificaron sus ensayos con sus nombres, en lugar de los números de folio que se les había asignado. Otro punto que no se observó y llama la atención es que el veinte por ciento de la calificación correspondía a la ortografía, la redacción y la sintaxis, y a los aspirantes se les facilitó un ordenador (computadora) con un procesador de palabras de la marca Word del fabricante Microsoft, con la habilidad de corregir las faltas de ortografía. Sin menoscabar el hecho de que el que INE obligue a los aspirantes a utilizar un software protegido no contribuye en nada a eliminar la desigualdad ya que dicho software no está disponible para todos, en cualquier lugar y en cualquier momento. El poderoso obliga al débil a utilizar las herramientas de la empresa Microsoft perpetuando su poder, en lugar de liberarlo a través del fomento al software libre.
Para los modernos, es un derecho de los ciudadanos vigilar la legalidad y la constitucionalidad de los actos de la Autoridad. Para el señor feudal, allá de aquel siervo que osara levantar la voz porque de inmediato se le mandaba a las mazmorras. No sé en qué momento pasé de la categoría de aspirante al Organismo Público Local de mi entidad, a enemigo público número uno del INE. El 28 de agosto de 2014 me constituí en la Junta Distrital del INE para ejercer mi derecho de petición (art.8 de la CPEUM) y se negaron a recibir mi escrito que contenía la ampliación de la demanda, alegando que ya habían aceptado la demanda y no lo volverían a hacer. Ello contraviene lo estipulado por el artículo 17 párrafo 2 de la Ley General de Medios de Impugnación en Materia Electoral que a la letra dice:

2. Cuando algún órgano del Instituto reciba un medio de impugnación por el cual se pretenda combatir un acto o resolución que no le es propio, lo remitirá de inmediato, sin trámite adicional alguno, al órgano del Instituto o a la Sala del Tribunal Electoral competente para tramitarlo.

De nada sirvió que citara preceptos legales ni mis súplicas. Así que tuve que agarrar mi cochecito y viajar hasta la sede de la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación a ampliar la demanda de juicio para la protección de los derechos político-electorales del ciudadano.
Ahora sólo falta que me sancionen por expresar libremente mis ideas, sin dejar de considerar que sólo soy un simple aspirante y que no soy empleado ni súbdito del INE para que me manden callar.

¿Por qué impugné el proceso de elección de consejeros electorales?

En los últimos días de junio de los corrientes se publicó la Convocatoria para selección y designación a los cargos de consejero presidente y consejeros electorales del Organismo Público Local en el Estado de Morelos. Los aspirantes que nos registramos y cumplimos con los requisitos legales de la misma Convocatoria fuimos citados el 2 de agosto de 2014 en el Tecnológico de Monterrey campus Morelos para presentar un examen de conocimientos elaborado por el Centro Nacional de Evaluación para la Educación Superior, A.C.
De los resultados de dicho examen surgió una lista de 25 hombres y 25 mujeres que pasaron a la siguiente etapa que consistía en un ensayo presencial en el mismo lugar, pero el 23 de agosto de 2014. Antes de presentarme al ensayo hubo ciertos acontecimientos que influyeron en la percepción de que los dados estaban cargados.
El 20 de agosto de 2014, el oficialista Diario de Morelos publicó un comentario editorial en la columna denominada “Palacio de Cortés” en la que dice lo siguiente:

ENTRE LOS que han intentado desestabilizar a Morelos pintando un escenario infernal a causa de hechos delictuosos, por enésima vez ha fallado el plan de colocarse en espacios de toma de decisiones. Verán:

Gerardo “Chabelito” Becerra Chávez y sus afines no han cuajado bien una marcha, no han juntado los miles y miles de firmas que han mendigado y ahora tampoco tienen lugar para arbitrar elecciones.

Uno de ese grupo hizo examen para ser consejero y, por qué no, ir por el presupuesto del nuevo organismo electoral para Morelos, pero sacó malas calificaciones. Así, no se descarte otra marcha por lo anterior.

En una obvia alusión a mi persona, por ser el único miembro de la lista que además pertenece a la Coordinadora Morelense de Movimientos Ciudadanos, dicen que saqué malas calificaciones y no entiendo porqué lo afirman ya que salí por encima de la media en Morelos. Si hubiera sacado malas calificaciones, no habría pasado a la siguiente etapa. Así de sencillo.
El 21 de agosto de 2014, el semanario Proceso publica una nota titulada “Acusan a presidente del INE de intentar manipular elecciones de la UNAM y el DF” en la que se reporta que el diputado federal del PRD, Carlos Reyes Gámiz, “acusó al al consejero presidente del Instituto Nacional Electoral (INE), Lorenzo Córdova Vianello, de intentar influir en dos procesos de elección: el del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM y el de consejeros electorales locales.”
El 22 de agosto de 2014, un día antes de presentarnos a la elaboración del ensayo, varios diarios de Morelos dieron cuenta de la reunión entre el gobernador del Estado y el consejero presidente del INE en el contexto del “Diálogo Público del IFE al INE: ¿Avance o retroceso?”
Por si mis sospechas no fueran pocas, el 23 de agosto de 2014, durante la aplicación del ensayo, los encargados de aplicarlo le piden a los aspirantes registrar sus nombres en los ensayos en lugar del número de folio que previamente nos habían asignado. No sé si fue un descuido del INE o del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM el prever, siendo previsible, que los aspirantes no llevarían su número de folio a la aplicación del ensayo. Los lineamientos para la aplicación y dictamen de los ensayos prescribían que se identificaría el ensayo con el número de folio y que se imprimirían dos tantos del ensayo; uno con firma que quedaría en manos del INE, y el otro sin firma, para no poder relacionarlo con ningún aspirante en específico, en manos del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM. ¿Dónde quedó la imparcialidad si los nombres acompañaban los ensayos? ¿Pudo el nefasto gobernador de Morelos darle una lista negra al consejero presidente del INE que incluyera mi nombre? ¿Pudo haber influido el consejero presidente del INE en una buena o mala calificación del ensayo por parte del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM? No lo sabremos, pues el proceso de selección se vició irreparablemente y por lo tanto decidí impugnar el procedimiento. Estoy consciente que este acto disminuye considerablemente, si no es que anula, las probabilidades de ser seleccionado. Si el gobierno de la “Nueva Ambición” buscaba sacarme del concurso, lo ha conseguido. Perdimos un batalla, pero no la guerra.

Principios constitucionales en materia electoral en México

En el texto “Los principios constitucionales de la materia electoral en México” de los coautores Guillermo Sierra Fuentes y Víctor Zuri Zapata Leos, éstos citan a Zagrebelsky quien alega que distinguir entre reglas y principios es tan importante como la distinción entre las leyes y la Constitución. De acuerdo con este autor, en las leyes prevalecen las reglas y en la Constitución, los principios.

Los principios desempeñan el papel constitutivo del orden jurídico y las reglas que en todo caso se encuentren en una Constitución, no son más que leyes reforzadas por su forma especial, y como se agotan en si mismas no tienen fuerza constitutiva fuera de lo que ellas mismas significan.

Los coautores también citan a Alexy, Prieto Sanchís, Zagrebelsky en cuanto a la distinción que estos autores hacen entre ponderación y subsunción. La primera se aplica a los principios; la segunda, a las reglas.

Ahora bien, hay quienes sostienen que no hay una distinción cualitativa entre reglas y principios. Las reglas no funcionan a la manera de todo o nada –como lo asevera Dworkin– sino que pueden competir con los principios. Así, en el razonamiento jurisdiccional hay ciertamente una interacción entre reglas y principios. No sólo existen casos de conflictos entre reglas y conflictos entre principios, sino también colisiones entre reglas y principios.

Los coautores además citan a Manuel Atienza y Juan Ruiz Manero, para quienes cuando hay en juego dos principios, tiene que surgir una nueva regla a partir de estos principios. La “concreción” consiste en transformar los principios en reglas.

En palabras de Guastini,concretizar un principio significa determinar las reglas implícitas (en sentido amplio) que pueden obtenerse del mismo; y por lo tanto en primer término, determinar su ámbito de aplicación, decidir a cuáles clases de supuestos concretos es aplicable, y en segundo lugar, determinar al mismo tiempo sus excepciones o subclases de supuestos a los que no resulta aplicable. Por ejemplo ¿el principio de autodeterminación de pueblos indígenas permite o no la restricción de voto universal? o ¿el principio de igualdad permite o no al legislador establecer las cuotas de género en las listas de candidaturas?

Así, los principios rectores de la función electoral; certeza, imparcialidad, independencia, legalidad, máxima publicidad y objetividad, no están definidos por la ley y dejan abierta la posibilidad al juzgador de concretizar las reglas a partir de estos principios.

Los denominados principios rectores de la función electoral tienen tal relevancia, que la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación considera, que su conculcación por parte de las propias autoridades encargadas de preparar, desarrollar y vigilar los comicios, equivale a una violación sustancial que puede ser determinante para el resultado de la elección, y dar lugar a decretar la nulidad de la misma.

Los coautores mencionan que las definiciones de la Suprema Corte y las de la Sala Superior difieren, pero para los fines de este comentario se citan las de la Sala Superior que en las sentencias SUP-RAP-038/99; SUP-RAP-041/99; y SUP-RAP-043/ 99; define el principio de certeza:

“…el principio de certeza se refiere a la estructura misma del proceso electoral, regulando y obligando a la autoridad electoral, para que cada uno de los actos de la misma sean verídicos, esto es, reporten fiel y únicamente lo que en realidad ha sucedido…Consecuencia de dicha certeza es el pleno convencimiento de los actores en el proceso electoral de que los actos de la autoridad son veraces, reales y ajusta- dos a los hechos, y por tanto hay una plena confianza en la misma…Por ende, exige que los actos y procedimiento electorales se basen en un conocimiento seguro de lo que es, sin existir manipulaciones, fraudes o adulteraciones, con independencia del sentir o actuar de las partes en la contienda…”

Sobre el principio de objetividad los coautores citan a la Sala Superior que lo define como:

“el principio de objetividad implica que todas las apreciaciones y criterios de los organismos electorales deben sujetarse a las circunstancias actuales de los acontecimientos y no a interpretaciones subjetivas ni inducidas de los hechos, o a lo que quisieran que fuera”

Los coautores retoman una distinción de la doctrina entre principios explícitos y principios implícitos. Los primeros están explícitamente enunciados en la ley, mientras que los segundos derivan de otras normas del sistema. Por lo que los coautores agregan a esta lista los principios implícitos en los artículos 41, fracción IV (actualmente fracción VI) y 116, fracción IV, inciso g) (actualmente el l) ) de la Constitución Federal, que son los principios de constitucionalidad y de legalidad.

En conclusión, en el ámbito del derecho electoral mexicano, existen principios jurídicos previstos expresamente en el ámbito constitucional, que, junto con otros principios implícitos, tienen un carácter fundamental, ya que dan coherencia e informan a este sector normativo del orden jurídico nacional; constituyen parámetros de la actuación de los órganos electorales y sirven como criterios interpretativos del derecho electoral, o bien, desempeñan una función integradora del mismo.