De die in diem
Durante años, el huachicol fue la anécdota local de la corrupción mexicana: ductos perforados, pipas fantasma, funcionarios a sueldo y cárteles disputándose territorios. Un problema doméstico, pensábamos, una especie de enfermedad endémica del sistema político. Sin embargo, los acontecimientos entre 2021 y 2025 nos obligan a una relectura incómoda. El robo de hidrocarburos dejó de ser un delito de patio trasero para transformarse en una empresa criminal transnacional, una red intrincada que conecta cárteles mexicanos con empresarios estadounidenses, aduanas porosas, bancos internacionales y, según el eco de diversas investigaciones periodísticas, operadores políticos que bailan al ritmo de un dinero de origen más que dudoso.
En una entrada anterior comenté que participé en la XVII Convención Nacional Nikkei en León, Guanajuato, en la que se presentó la obra de teatro Kizuna sobre la historia de la migración japonesa a México. Me puse a reflexionar sobre los vacíos en mi investigación sobre la historia familiar, y la inteligencia artificial trajo esta idea al debate. Tanto la obra que comento como la investigación que he realizado son opuestas a la filosofía de la diáspora japonesa. Ambas representan un ejercicio de reparación histórica, pero la filosofía de los issei y nisei (primera y segunda generación) fue el Gaman, que se traduce como “perseverancia” o “paciencia”, aunque su peso cultural es mucho más profundo: soportar lo insoportable con dignidad y en silencio.
El periodista Tim Golden publicó una serie de reportajes en ProPublica sobre una investigación de la DEA iniciada en 2010 respecto a presuntos aportes del narcotráfico a la campaña presidencial de 2006 de Andrés Manuel López Obrador. Los propios reportajes señalan que la investigación fue cerrada sin que las autoridades estadounidenses pudieran demostrar que López Obrador hubiera autorizado o conocido dichas aportaciones. Sin embargo, el cierre de una investigación no equivale necesariamente a una declaración de inocencia; simplemente significa que, en ese momento, las autoridades no contaban con elementos suficientes para sostener una acusación.
En mayo de 2026 se llevó a cabo el Segundo Informe de Labores de la presidenta Claudia Sheinbaum en el Monumento a la Revolución. El evento fue bautizado por sus críticos como el “Narcofest”, apelativo que aludía a la percepción de que el acto serviría como una defensa irrestricta de diversos políticos morenistas señalados por autoridades estadounidenses por presuntos vínculos con el narcotráfico. La presidenta rompió lanzas en favor de los funcionarios cuestionados, denunció una supuesta injerencia extranjera y aseguró que México no era la piñata de nadie. También sostuvo que las acusaciones no perseguían fines de justicia, sino motivaciones eminentemente políticas.
En fin de semana participé en la XVII Convención Nacional Nikkei (CONANI) en la ciudad de León, Guanajuato. Y es un evento para reunir a los descendientes de japoneses de todo el país. Todo estuvo muy bien, pero hubo una plática con el título de “ikigai” que fue impartida por Seibi Ninomiya, una nikkei de tercera generación (sansei). El problema es que “ikigai” no tiene un significado preciso para los japoneses, ni es su filosofía de la vida. Si le preguntan a un japonés cual es su “ikigai” o propósito en la vida, lo más seguro es que conteste lo mismo que cualquier otro habitante del planeta; “cuidar a los nietos, practicar jardinería, cocinar, reunirse con los amigos, hacer un trabajo útil”. No es ningún secreto de la felicidad, tampoco es una fórmula mágica para encontrarlo, menos que todos deban descubrir una única misión profesional. ¿Entonces, qué es? Un pretexto para vender libros, cursos y pláticas sobre superación personal.
Todo comenzó con la muerte accidental de dos agentes de la CIA que participaron en una operación para desmantelar dos laboratorios de droga en Chihuahua. Donald Trump recriminó públicamente a la presidente Claudia Sheinbaum la aparente falta de empatía de su gobierno y, a partir de ese momento, el régimen orientó toda su maquinaria política y propagandística contra la gobernadora de Chihuahua. Poco después llegaron las acusaciones de narcotráfico contra el gobernador Rubén Rocha Moya y nueve coacusados más. La 4T organizó entonces una protesta en Chihuahua que terminó convertida en un espectáculo de movilización fallida gracias a una eficiente operación política del gobierno estatal. Dirigentes de Morena fueron recibidos entre abucheos en el aeropuerto de Chihuahua y, como suele ocurrir en los regímenes que descubren súbitamente la elasticidad del derecho, se intentó impulsar un procedimiento manifiestamente ilegal contra una gobernadora protegida por fuero constitucional.
Ayer, 15 de mayo de 2026, probablemente será recordado como un Viernes Negro para el Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), o al menos como uno de esos días en que la realidad tiene la desagradable costumbre de interrumpir la narrativa oficial. En un mensaje publicado en la red social X, el Gabinete de Seguridad de México informó que el exsecretario de Seguridad Pública de Sinaloa, Gerardo Mérida Sánchez, ingresó a Estados Unidos desde Hermosillo el pasado 11 de mayo. La pregunta inmediata resulta inevitable: si el general en retiro se había entregado desde el lunes, ¿por qué la noticia fue comunicada hasta el viernes? La respuesta más plausible se encuentra en aquello que los angloparlantes llaman timing: el arte de administrar los tiempos políticos con la precisión de un relojero suizo y la transparencia de una cortina de humo. (El Economista)
En abril de 2026, dos presuntos agentes de la Central Intelligence Agency murieron en un accidente automovilístico en el estado de Chihuahua, junto con dos funcionarios mexicanos de la Agencia Estatal de Investigación. El vehículo en el que viajaban cayó a una barranca y se incendió después de participar en actividades relacionadas con un operativo antidrogas contra laboratorios clandestinos en la Sierra Tarahumara. (The Washington Post).
El caso generó una fuerte polémica política y diplomática porque el Gobierno federal mexicano afirmó que no tenía conocimiento formal ni autorización sobre la participación de agentes extranjeros en ese operativo. La presidenta Claudia Sheinbaum pidió investigar si hubo violaciones a la Ley de Seguridad Nacional, mientras crecieron las críticas contra el gobierno estatal de Chihuahua encabezado por Maru Campos. Resulta curioso que un gobierno que presume tener “otros datos” parezca enterarse de operativos internacionales delicados por la prensa extranjera.
Andrés Manuel López Obrador pronunció la célebre frase: “¡Al diablo con sus instituciones!”, y en cuanto accedió al poder comenzó a desmantelar al Estado mexicano para redirigir recursos a sus programas clientelares. Esta debilidad institucional benefició particularmente a la delincuencia organizada, que en múltiples videos aparecía humillando a las fuerzas del orden sin que éstas pudieran hacer absolutamente nada. Existía la consigna de los “abrazos, no balazos” y aquella joya del pensamiento estratégico contemporáneo: “los narcos también son pueblo”.
Ayer vi dos videos que me obligaron a replantear la pregunta sobre Trump. No sobre el personaje mediático, el empresario de casino o el anciano naranja que convierte cada discurso en un episodio de reality show, sino sobre la función histórica que parece desempeñar dentro de una transformación mucho más profunda del orden mundial.
En el primero, durante la 81 Asamblea Anual de la CAINTRA, Jorge Guajardo explica que la guerra comercial entre United States y China no es un conflicto pasajero ni una rabieta arancelaria de Trump, sino una reconfiguración estructural del sistema económico mundial. Y en medio de esa disputa aparece México: demasiado integrado a Estados Unidos para ser neutral y demasiado cercano a China para no resultar sospechoso.