El excelentísimo embajador de Japón en México, Kozo Honsei, inauguró el día de ayer, 25 de marzo, la exposición “Archivos de afecto: Memorias familiares de la migración japonesa a México” en el Museo Nacional de las Culturas del Mundo, ubicado en la calle de Moneda número 13, en el Centro Histórico de la Ciudad de México.
El doctor Shinji Hirai me hizo llegar la convocatoria y participé con el pasaporte japonés de mi abuelo y un libro de cuentas en el que, escrupulosamente, apuntaba las ventas diarias desde la década de los sesenta. Desafortunadamente, no pude asistir a la ceremonia de inauguración, pero espero poder visitar la exposición en estos días.

Dahil Melgar, uno de los curadores de la exposición, publicó algunas fotografías de su trabajo en Facebook. Hubo una de la exposición que muestra una leyenda que, aparentemente, está escrita en uno de los muros y dice:
“Así nos nombramos / así nos nombraron: Numerosos nombres y apellidos de migrantes japoneses y sus descendientes en México fueron hispanizados. En algunos casos, se trató de una decisión personal motivada por la conversión religiosa al catolicismo o al cristianismo, o en búsqueda de facilitar su integración a la cultura y sociedad mexicanas. En otros, fue resultado de las formas de transliteración de la época y, en no pocas ocasiones, de errores de escritura en el registro de su documentación. En esta exposición respetamos las maneras en que las familias escriben y reconocen los nombres y apellidos de sus ancestros japoneses, así como los propios.”
Recuerdo que teníamos un colaborador llamado Jesús Ishikawa, homónimo del jugador del Necaxa y desconozco si tiene parentesco con esta persona. Le pregunté porqué se llamaba Jesús y me dijo que cuando llegó a México, el agente de migración le preguntó por su nombre en japonés y acto seguido le dijo: “Te vamos a poner Jesús”. Y por ese acto administrativo y por la gracia y obra del funcionario público, se llamó Jesús por el resto de sus días.