Gaman (我慢)

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En una entrada anterior comenté que participé en la XVII Convención Nacional Nikkei en León, Guanajuato, en la que se presentó la obra de teatro Kizuna sobre la historia de la migración japonesa a México. Me puse a reflexionar sobre los vacíos en mi investigación sobre la historia familiar, y la inteligencia artificial trajo esta idea al debate. Tanto la obra que comento como la investigación que he realizado son opuestas a la filosofía de la diáspora japonesa. Ambas representan un ejercicio de reparación histórica, pero la filosofía de los issei y nisei (primera y segunda generación) fue el Gaman, que se traduce como “perseverancia” o “paciencia”, aunque su peso cultural es mucho más profundo: soportar lo insoportable con dignidad y en silencio.

Esta filosofía tiene su origen en el budismo zen y evolucionó hacia una virtud social que implica tres elementos: estoicismo, que se traduce en no mostrar dolor, queja o fatiga ante la adversidad; autocontrol, es decir, suprimir los deseos o sentimientos individuales en favor del bienestar del grupo (la familia o la comunidad); y resiliencia, mantenerse firme frente a una situación que parece no tener salida.

En el caso de mi bisabuelo, fue contratado por la Tairiku Imin Gaisha para ir a La Oaxaqueña. El contrato de dos años era una prueba de Gaman. Los migrantes japoneses fueron educados para no romper contratos, pues eso traía “vergüenza” (Haji) a la familia en Japón y a los fiadores. El hecho de que Hoichi haya soportado las condiciones de esclavitud y luego haya tenido la fuerza para trasladarse a Sacramento indica un Gaman activo: aguantó lo necesario hasta que pudo dar el siguiente paso estratégico.

Otro ejemplo es la Ley de Bienes Enemigos de 1942. ¿Por qué la mayoría de los japoneses en México (incluidos los de Veracruz) no se rebelaron violentamente cuando los obligaron a abandonar sus casas y negocios? Por el Gaman. Se consideraba que quejarse era inútil y “feo”. La frase que acompaña al Gaman es Shikata ga nai (“No hay nada que hacer” o “Es inevitable”).

La inteligencia artificial de Google (AI Google Studio) ha señalado algo que resulta bastante discutible. Masuo Ikeda Kimura nació el 7 de julio de 1914 en Sacramento, California. Por el principio de ius soli era ciudadano estadounidense, pero, debido a los odios derivados de la guerra, nunca reclamó esa nacionalidad, la cual tal vez lo habría excluido de la aplicación de la Ley, aunque esta también alcanzaba a personas de ascendencia japonesa o consideradas peligrosas. El hecho de que Masuo nunca reclamara su nacionalidad estadounidense y probablemente no hablara mucho de su dolor por la guerra es, quizá, el ejemplo más puro de Gaman. El silencio es una forma de protección para las siguientes generaciones. Los padres no contaban a sus hijos los horrores de la guerra para evitar que crecieran con el peso del odio o del trauma.

Por otra parte, el gaman no ha permitido procesar adecuadamente los traumas de la historia familiar. También el gobierno se aprovechó del gaman de los inmigrantes japoneses, que no protestaron violentamente por las expropiaciones que sufrieron en la guerra. Recuerdo el caso del doctor Hiromoto, que estaba recluido en la ex Hacienda de Temixco y terminó siendo enviado a Perote por las condiciones de la reclusión. Ellos no se quejaban del trabajo, sino de la explotación realizada por los mismos japoneses que controlaban la hacienda.

Hoy, al desenterrar estas historias, me doy cuenta de que mi labor es, en esencia, un acto de rebelión contra el Gaman. Si para mis antepasados el silencio fue una armadura de supervivencia, para mi generación ese mismo silencio se ha convertido en una deuda histórica. Reconocer que mi abuelo Masuo prefirió el despojo antes que la ayuda de un país que odiaba, o que mi bisabuelo Hoichi convirtió su contrato de esclavitud en un trampolín hacia la libertad, no es solo genealogía; es una auditoría del pasado. Escribir sobre esto es mi propia forma de justicia: transformar el Shikata ga nai (“no hay nada que hacer”) en un rotundo “ahora lo sabemos todo”. El Gaman les permitió sobrevivir; la palabra nos permitirá sanar.